Si solo te puedes apuntar a una cosa en Iraklia, que sea la cueva de Agios Ioannis. Es la mayor cueva natural de todas las Cícladas, con cinco salas escalonadas que descienden hacia el interior de la montaña, columnas de piedra caliza que llevan formándose miles de años, y una pequeña capilla a la entrada que da el toque final al lugar. Se llega solo a pie, en aproximadamente una hora desde la aldea de Panagia, y la caminata vale tanto la pena como la cueva misma.
El acceso arranca de Panagia, la aldea de montaña situada al pie del monte Papas. Desde allí, un sendero señalizado con marcas amarillas baja por la ladera suroeste de la isla en dirección a la bahía de Vourkaria. La distancia ronda los tres kilómetros y medio, con un desnivel de unos doscientos metros que se hace casi todo bajando a la ida y subiendo a la vuelta. Calcula entre 50 minutos y una hora a la ida, y un poco más al regreso. El sendero está bien marcado pero la última parte hasta la entrada de la cueva pasa entre rocas: conviene calzado cerrado y mucho cuidado en piso húmedo.
Llegar a la entrada ya es un pequeño espectáculo. Una capilla minúscula encalada en blanco precede a la boca de la cueva, encajonada bajo una pared rocosa. El día de la fiesta de San Juan Bautista, el 28 de agosto (víspera del día del santo), se celebra una misa en la primera sala con los pocos vecinos de la isla que aún suben. Es uno de los momentos del año en que la cueva se llena. El resto del año, lo normal es estar solo o con dos o tres personas más.
La cueva tiene cinco salas sucesivas separadas por estrechamientos. La primera es amplia, accesible y con luz natural suficiente para verlo todo. A partir de la segunda se necesita linterna (mucho mejor un frontal: deja las dos manos libres). Las formaciones son espectaculares: columnas que tocan suelo y techo, estalactitas de varios metros, estalagmitas finas como velas y zonas de "leche de luna", una formación calcárea blanca con textura de yogur. Las salas profundas requieren bajar agachado por algunos pasos: si tienes claustrofobia o problemas de movilidad, mejor quedarte en las dos primeras salas.
Pega importante: no hay iluminación instalada. Nada. Ni cables, ni focos, ni señalización dentro. Esto la convierte en una experiencia auténtica de cueva natural, pero exige preparación: frontal con baterías de sobra, calzado cerrado, agua, algo de abrigo (dentro hace fresco aunque fuera sea agosto). Es totalmente gratis y no hay vigilancia ni guía oficial. Algunos turoperadores de Naxos organizan excursiones guiadas en grupos pequeños, pero la mayoría de visitantes la hace por su cuenta.
¿Vale la pena? Sin duda, si te gustan las cuevas y la naturaleza salvaje. Es una experiencia muy distinta a las cuevas turistificadas con pasarelas y luces de colores: aquí estás en un espacio natural intacto, con la sensación clara de estar en un sitio especial. Para quien busque comodidad y didáctica, será una decepción; para quien quiera conexión real con el lugar, es de lo mejor que ofrece el Egeo. La excursión completa, desde Panagia y vuelta, lleva unas tres horas con descanso y exploración tranquila.
Combinarla con una mañana en Livadi sale perfecto: cueva por la mañana cuando hace fresco, baño largo por la tarde para refrescarse, cena en alguna de las tabernas del pueblo de Agios Georgios. Si lo prefieres, también funciona muy bien encadenar Agios Ioannis con la subida al monte Papas en jornadas seguidas, ya que ambos arrancan de la misma Panagia.