El monte Papas es la única cumbre con nombre propio de Iraklia y el punto más alto de todas las Pequeñas Cícladas: 418 metros sobre el nivel del mar. No suena espectacular en cifras, pero cuando se está arriba, con el mar a izquierda y derecha, Naxos al norte como una mole verde, Ios al sur recortando el horizonte y Schoinoussa apenas a un kilómetro al oeste, la sensación es de estar en un mirador privado del Egeo. La subida se hace en una hora desde Panagia y baja sola en cuarenta y cinco minutos.

El sendero arranca del extremo sur de Panagia, marcado con las habituales marcas amarillas pintadas sobre piedra. La primera media hora pasa por terreno bajo con romero, tomillo silvestre y alguna que otra cabra mirando con curiosidad al caminante. La segunda media hora se vuelve más vertical, con un par de tramos de subida directa entre rocas. No es escalada, pero sí es trekking serio con apoyo de manos en algún punto. Calzado de senderismo con suela rugosa es obligatorio. Las chanclas son una mala idea, las zapatillas urbanas también.

En la cima hay un pequeño hito de piedras donde los caminantes dejan su marca, y dos o tres trozos planos donde sentarse a comer y descansar. No hay refugio, no hay sombra, no hay nada construido: es montaña pura. Las vistas son lo que justifica la subida: media docena de islas visibles a simple vista en un día claro (Naxos, Ios, Sikinos, Folegandros, Donoussa, Koufonisia, Schoinoussa), la línea de la costa de Iraklia entera dibujándose a tus pies y el mar abriéndose en todas las direcciones. Si has llevado prismáticos, mejor: se distingue perfectamente el puerto de Agios Georgios cuatro kilómetros más abajo.

Hay un detalle particular que hace especial a la cumbre: es zona de nidificación de aves rapaces. Si tienes suerte, verás algún halcón peregrino, algún cernícalo o incluso algún águila pescadora bajando hacia el mar. Es uno de los pocos lugares de las Cícladas donde estas aves siguen criando con regularidad. Conviene moverse despacio, no hacer ruido excesivo y no acercarse a posibles nidos en las rocas. La actividad humana ha empujado a estas especies a refugios cada vez más limitados.

Pegas honestas del recorrido: no hay sombra en ningún punto del sendero. Ni un solo árbol. En verano, esto se traduce en una subida muy castigadora si se hace al mediodía. Lo lógico es salir de Panagia entre las siete y las ocho de la mañana, estar en la cima sobre las nueve y bajar antes de las once. La otra opción es esperar a las cinco de la tarde, subir con el sol bajando y disfrutar del atardecer arriba (en ese caso, hay que llevar frontal para bajar con luz cayendo). Agua: dos litros por persona como mínimo en agosto.

¿Hay público para este sendero? Sí, pero limitado. Es el plan perfecto para caminantes con experiencia, para fotógrafos de paisaje y para viajeros que quieran un día de esfuerzo físico en mitad de unas vacaciones de mar. No es adecuado para familias con niños pequeños, ni para personas con poca preparación física, ni para días con mucho calor sin haber preparado el cuerpo. Para quien lo encuentre demasiado exigente, hay alternativas más suaves: el sendero a la cueva de Agios Ioannis también sale de Panagia y es más llano, aunque más largo.

Una idea agradecida: combinar la subida al monte Papas con un baño largo al volver, ya sea en la cercana Vorini Spilia o en Livadi si has bajado por la carretera del lado del puerto. Comer pescado fresco en alguna de las tabernas de Agios Georgios y descansar el resto del día. El monte Papas es de esas cumbres que cuestan tres horas pero se quedan en la memoria diez años: muchos viajeros vuelven a Iraklia justo para subir otra vez.