Panagia es la segunda aldea de Iraklia, la que está arriba: construida en la falda del monte Papas, a unos cuatro kilómetros del puerto de Agios Georgios, en una pequeña meseta con vistas tanto a la costa norte como al interior montañoso. Tiene un puñado escaso de casas, la iglesia más grande de la isla (dedicada a la Virgen María, de ahí el nombre) y la condición de campamento base para todos los senderistas. De los ocho senderos señalizados de Iraklia, cuatro empiezan o pasan por aquí.

La aldea propiamente dicha se recorre en quince minutos. Casas blancas escalonadas, dos o tres patios con bougainvillas, un par de ancianos sentados a la sombra de un emparrado y muy poco tráfico de visitantes. En invierno apenas viven aquí media docena de familias; en verano sube algo pero nunca pasa de las cincuenta personas alojadas. La iglesia de Panagia, construida con piedra local y cal, es el centro social: se celebra cada 15 de agosto con la fiesta más grande del año en Iraklia, con cena comunitaria, música tradicional y baile que dura hasta el amanecer.

Para el viajero, Panagia es sobre todo un nudo de senderos. Desde el patio de la iglesia salen tres caminos señalizados con marcas amarillas: el que sube al monte Papas (1 hora hasta la cima), el que baja a la cueva de Agios Ioannis (1 hora hasta la entrada) y el que va a Merixas, una zona despoblada con restos arqueológicos y una capilla solitaria. Los tres están bien marcados pero exigen calzado cerrado, agua y algo de planificación: una vez fuera de la aldea no hay nada hasta el siguiente punto.

¿Cómo se llega a Panagia? Hay tres opciones. La más cómoda es el autobús local que conecta el puerto con la aldea varias veces al día en temporada (un par de euros por trayecto, horarios pegados en el muro de Melissa). La segunda es caminando: una hora cuesta arriba por la carretera asfaltada, con vistas espectaculares pero sin sombra (mejor a primera hora o al atardecer). La tercera es en quad o moto alquilados en el puerto, en unos diez minutos. No hay ningún taxi en Iraklia.

Los servicios son mínimos. Hay un kafeneion estacional que abre cuando quiere y cierra cuando quiere: si está abierto, sirve café griego, ouzo y a veces algún plato del día. No hay supermercado, no hay panadería, no hay gasolinera (de hecho no la hay en toda la isla). Si subes para hacer senderos, llévate todo desde el puerto: agua, comida, protección solar. La fuente de la iglesia funciona y el agua se puede beber, pero el caudal es irregular.

La pega más habitual de los visitantes con Panagia es que esperaban algo más vivo. Si llegas a media tarde con la idea de tomarte una cerveza en una terraza, te vas a encontrar un pueblo casi en silencio con todos los persianones bajados durante la siesta. Lo lógico es entender Panagia como pieza funcional del viaje (punto de partida de senderos, parada para refrescarse), no como destino en sí mismo. La excepción es el 15 de agosto: si coincides con la fiesta, subir es obligado y la noche se vuelve memorable.

Una recomendación operativa: si vas a hacer la cueva de Agios Ioannis y el monte Papas en el mismo viaje, súbete a Panagia con desayuno encima y mochila preparada para hacer un sendero por la mañana y otro al día siguiente. Repetir el trayecto al puerto entre uno y otro es perder energía. Y si te quedas a dormir una noche en Panagia (hay un par de habitaciones de alquiler), tendrás la rareza de ver el cielo nocturno más oscuro de toda la isla y un amanecer sobre el mar del este que pocas veces se olvida.

Combina la jornada de Panagia con una tarde de descanso en Livadi o con la excursión en barca a Alimia para alternar montaña y mar en el mismo viaje. Iraklia es lo bastante pequeña para hacerlo todo en tres días bien organizados.