El Museo de la Guerra de Leros es, sin exagerar, uno de los pequeños grandes museos del Egeo. No lo dirías por fuera: se accede por una discreta puerta metálica excavada en la ladera de la colina de Merikia, a mitad de camino entre Lakki y Panteli, sin gran señalización y con un aparcamiento modesto. Pero dentro se despliegan cerca de 1.000 metros de túneles subterráneos originales, construidos por los italianos durante los años 30 como refugios antiaéreos y polvorines de la base naval de Portolago. Hoy albergan una de las colecciones bélicas mejor conservadas y contadas de toda Grecia.
La visita empieza con una sala introductoria dedicada al contexto: el Dodecaneso italiano desde 1912, la construcción de la base naval de Lakki, la militarización de Leros como pieza clave del imperio marítimo mediterráneo de Mussolini. Sobre paneles bilingües (griego e inglés, con algún texto en italiano) se explica cómo la isla llegó a acumular más de 8.000 soldados italianos, decenas de cañones costeros y una red completa de túneles antiaéreos.
El corazón del museo es la sección dedicada a la Batalla de Leros, entre el 26 de septiembre y el 16 de noviembre de 1943. Tras el armisticio italiano, la guarnición se pasó al bando aliado y fue reforzada por británicos. Los alemanes iniciaron entonces una campaña aérea devastadora que duró 52 días, culminada con un desembarco anfibio el 12 de noviembre. Cuatro días de combates casa por casa, cerro por cerro, terminaron con la capitulación aliada. Fue una de las últimas grandes derrotas británicas en el Mediterráneo y el episodio que inspiró la novela de Alistair MacLean Los cañones de Navarone.
El material expuesto es asombroso para un museo de este tamaño: fusiles Mauser y Enfield originales, uniformes de las tres naciones combatientes (italiana, alemana, británica), cascos, medallas, radios de campaña, mapas manuscritos con las posiciones enemigas, cartas personales de soldados encontradas en los combates, un pequeño torpedo naval y varios cañones antiaéreos recuperados de las colinas de la isla. En la sala principal, un torpedo naval original ocupa el centro y da la escala del conflicto.
Pero lo mejor del museo es la sala audiovisual. En un espacio circular con proyección panorámica se emite un documental de 25 minutos con imágenes de archivo (algunas nunca antes divulgadas), testimonios grabados de veteranos italianos, alemanes y británicos que sobrevivieron a la batalla, y una reconstrucción cronológica muy clara de los 52 días de resistencia. El vídeo tiene subtítulos en inglés y en griego, y por sí solo justifica la visita.
Fuera del túnel, en el patio del museo, hay más piezas grandes al aire libre: dos cañones costeros italianos de 152 mm, una torreta antiaérea alemana, un ancla de barco hundido en la bahía de Lakki, y una hélice del destructor británico HMS Intrepid, hundido frente a las costas de Leros durante los bombardeos.
Punto de dolor honesto: el museo abre solo de mayo a octubre, y solo por la mañana (09:30-13:30). Si viajas en temporada baja tendrás que conformarte con los cañones del patio exterior, que quedan siempre visibles. Verifica los días antes de venir, porque de vez en cuando cierra un día extra por mantenimiento. En verano se llena a veces con grupos de excursión de Kalymnos, y aunque el espacio es amplio, la sala audiovisual solo puede acoger 30 personas por pase. Nuestra recomendación: llega a las 09:30 en punto, coge el primer pase del vídeo y luego recorre las salas.
La entrada cuesta 3 € (2 € reducida para estudiantes, niños y jubilados), una de las mejores relaciones calidad-precio del turismo griego. No hay descuento para grupos ni entradas online: se compra directamente en la puerta con efectivo.
La ubicación permite integrar la visita en un día más amplio. Desde Lakki son 3 kilómetros hacia el norte por la carretera principal; el museo aparece a la derecha antes de llegar a Panteli. Es fácil combinarlo con la mañana en Lakki recorriendo la arquitectura racionalista italiana, museo a media mañana, comida en Panteli, tarde en el castillo. Ese circuito de un día completo cubre las tres épocas de Leros: medieval, italiana y bélica.
Un consejo final para aficionados a la historia: pregúntale al guarda del museo si Xenofontas está trabajando ese día. Es un veterano local que hace visitas guiadas informales en inglés muy bueno cuando la afluencia lo permite. Su conocimiento del terreno y las anécdotas familiares (sus abuelos vivieron la batalla) transforman completamente la visita.