Lakki es la primera cosa que ves cuando llegas a Leros en ferry, y también la más sorprendente. Uno espera casas blancas con cúpulas azules, buganvillas por las paredes, un pope caminando hacia una iglesia bizantina. Lo que encuentra son avenidas rectas, fachadas ocres con líneas horizontales de cornisa, un mercado circular con torre del reloj, un cine con hotel adosado y palacios de piedra pulida que podrían estar en Latina o en la EUR de Roma. La sensación es tan contundente que la primera reacción suele ser "esto no puede estar en Grecia".
Y en cierto modo no lo estaba. Cuando los italianos ocuparon el Dodecaneso en 1912 encontraron en la bahía de Lakki uno de los mejores puertos naturales del Mediterráneo: 30 metros de calado en el centro, protegido de todos los vientos por colinas altas. Mussolini quiso convertirlo en la base naval modelo del imperio italiano en el Egeo. En los años 30 nombraron a Mario Lago gobernador del Dodecaneso, y en su honor bautizaron la nueva ciudad como Portolago. Contrataron a dos arquitectos jóvenes formados en Milán, Armando Bernabiti y Rodolfo Petracco, y les dieron carta blanca para levantar desde cero una ciudad entera según los cánones más puros del racionalismo italiano y el art déco. Terminaron el proyecto entre 1935 y 1938.
El resultado es la única ciudad europea diseñada y construida íntegramente bajo estos principios. Todo aquí es intencional: la planta general en forma de mariposa con dos ejes principales que se cruzan en la plaza central, la disposición de los edificios públicos en enfilada visual, la altura homogénea de las manzanas residenciales para no romper la línea de horizonte, los pórticos que dan sombra al peatón en toda la avenida principal. Los detalles bizantinos que salpican algunas cornisas son un guiño consciente a la tradición local, incrustados como concesión estética dentro de una gramática arquitectónica que por lo demás es plenamente europea del norte.
Los edificios que hay que buscar son cinco. Primero, el mercado cubierto de 1935: un tambor circular con torre del reloj central y una nave anular alrededor, todavía en uso los sábados por la mañana con puestos de queso, aceite y verduras locales. Segundo, el cine-teatro con Hotel Roma anexo (hoy Hotel Leros): una fachada curva de líneas puras, ventanas apaisadas, y en la esquina la marquesina original con letras metálicas todavía legibles. Tercero, el ayuntamiento (antigua Casa del Fascio), edificio simétrico con torre lateral y ese estilo Terragni que también encontrarás en Como. Cuarto, los palacios de oficiales, tres edificios residenciales alineados en la avenida principal, con logias corridas en la planta noble. Quinto, la iglesia ortodoxa Ágios Nikólaos, la única concesión visible al Egeo tradicional, y aún así con planta racionalista.
Punto de dolor honesto que conviene decir: Lakki no es un pueblo pintoresco en el sentido griego. No hay callejuelas de gato, no hay geranios en las ventanas, no hay tabernas junto al mar con manteles blancos. Es una ciudad de trabajo, con edificios administrativos, un hospital, farmacias y algunas cafeterías. Si vienes buscando la postal cicládica te vas a sentir engañado. Si vienes buscando arquitectura del siglo XX en un contexto insular imposible, te vas a enamorar. Sabe distinguir en qué grupo estás antes de venir.
Se puede recorrer entero en un paseo lento de dos horas. Empieza por el puerto, sigue la avenida central hasta la plaza del ayuntamiento, entra en el mercado si el día lo permite, sube por la calle lateral que lleva al cine y termina en los palacios de oficiales. Un guía local con formación arquitectónica cuesta unos 25-30 € por persona para un tour de una hora y media, y merece mucho la pena porque los detalles se pierden sin contexto. Preguntad en las cafeterías de la avenida principal o consultad en el Hotel Leros: casi siempre pueden organizar una visita en el día.
La conexión con el resto de la isla es sencilla: autobús local a Platanos y Agia Marina cada 45-60 minutos, taxi por 8-10 € o alquiler de scooter en la propia avenida principal. Si venís al castillo de Panteli por la tarde tenéis un contraste arquitectónico completo en el mismo día: racionalismo italiano por la mañana, castillo bizantino al atardecer.
Un último apunte: en 2007 el gobierno griego declaró Lakki monumento histórico, protegiendo el conjunto entero de reformas incontroladas. Desde entonces varias iniciativas locales han impulsado la candidatura a Patrimonio Mundial de la UNESCO. La decisión final está aún pendiente, pero el hecho de que Lakki haya sobrevivido casi intacta 90 años después de su construcción, en una isla remota del Dodecaneso, ya es en sí un pequeño milagro de la historia europea del siglo XX.