Molivos, también llamado por su nombre antiguo Mithymna, es el pueblo que aparece en todas las postales de Lesbos y con razón: casas de piedra gris con tejados rojos que se descuelgan en cascada desde un castillo bizantino-genovés hasta un pequeño puerto pesquero. Es uno de los pueblos "tradicionales protegidos" que el Ministerio de Cultura griego blindó en los años 60 para evitar el hormigón, y hoy sigue intacto: no verás edificios de más de dos plantas, todas las fachadas son de piedra, y las calles son adoquinadas y demasiado estrechas para coches.
Está en el extremo norte de la isla, a 60 km de Mitilene (hora y cuarto en coche). Su rival en encanto sería el vecino Petra, a 5 km, pero Molivos gana por altura, castillo y densidad de rincones fotogénicos.
El castillo bizantino
El castillo domina el pueblo desde una colina de 90 metros y es visible desde toda la bahía. Los primeros muros son bizantinos (siglo XI), pero como en Mitilene, fueron los Gattilusio genoveses quienes le dieron su forma actual en el siglo XIV. Después los otomanos lo ocuparon hasta 1912. La entrada cuesta 3 € y merece la pena por dos motivos: las vistas del pueblo bajando en cascada hacia el mar, y las vistas al norte donde se ve la costa turca de Ayvalik a apenas 8 km. En verano acoge conciertos y festivales de teatro clásico.
Para subir, sigue las señales desde la plaza central: son unos 10 minutos por callejones empinados con escalones. Lleva agua y no lo hagas en las horas centrales del día en agosto.
La calle del ágora y las galerías
La calle principal de Molivos, cubierta por un emparrado de vid en muchos tramos, es una sucesión ininterrumpida de tiendas de artesanía, galerías de arte, tabernas y cafés. El pueblo se llenó de artistas desde los años 60 (griegos y extranjeros) y esa herencia se nota: hay más galerías por metro cuadrado que en cualquier otro sitio de Lesbos. Cerámica, pintura, joyería en plata, tejidos. El precio no siempre es de ganga pero la calidad suele serlo.
Muy recomendable pararse en The Bookshop, una librería anglófona pequeña pero muy curada, y en la Petrino Café para café frappé con vista al mar. Para comer, Betty's Restaurant (junto a la plaza principal) fue durante décadas el sitio de referencia; sigue siendo bueno pero se ha vuelto turístico. To Hani, en la calle del ágora, tiene mejor calidad-precio.
El puerto y las playas
Bajando del pueblo llegas al puerto pesquero, un semicírculo con una decena de tabernas de pescado y las barcas azules amarradas justo delante. Es el mejor sitio para cenar al atardecer. The Captain's Table (Kapetanios) es el local con mejor reputación, con pescado que traen los pescadores directamente del muelle.
La playa de Molivos, larguísima (más de 2 km) y de arena con guijarros, tiene Bandera Azul. Es familiar, con tumbonas, chiringuitos y actividades acuáticas. Si prefieres algo más salvaje, la playa de Eftalou, a 4 km al este, es de piedras y tiene aguas termales que salen calientes al lado del mar (las aguas termales de Eftalou son famosas por sus propiedades curativas).
¿Dormir en Molivos?
Sí, es una de las mejores bases de la isla. Hay desde hoteles familiares desde 45 € (Eftalou Hotel, Sea Horse) hasta boutique en casas de piedra restauradas desde 90-120 € (Molyvos Boutique Hotel). En agosto conviene reservar con dos meses de antelación.
Practicalidades
Dolor de cabeza que pocos avisan: Molivos no admite coches en el casco antiguo. El aparcamiento está en la parte baja del pueblo, junto al puerto y la playa. Si tu hotel está en la zona alta cerca del castillo, prepárate para subir tus maletas por callejones empinados. Algunos hoteles ofrecen servicio de porteador de equipaje: pregúntalo al reservar.
Cuándo ir: de mayo a mediados de octubre. En julio y agosto hay más ambiente pero también más gente. Nuestro momento favorito: la primera semana de junio o la última de septiembre.
Para completar la ruta por el norte de Lesbos, combina Molivos con Petra, Anaxos y las aguas termales de Eftalou. Para más ideas, la guía general de Lesbos tiene el itinerario completo.