La recompensa de los veinte minutos
Harami no aparece en los folletos y no tiene ni un cartel decente que la anuncie, y esa es exactamente su gracia. Es una cala de setenta metros de guijarros blancos al oeste de Lakka, encajada entre dos salientes de roca, con un agua que aquí sí merece la palabra transparente sin exageración.
Se llega andando desde Lakka. Se sigue el paseo del muelle hacia el oeste hasta que se acaba el asfalto y empieza un camino de tierra pegado a la costa, entre pinos y olivos. Veinte minutos a paso tranquilo, en llano casi todo el recorrido, con dos o tres bajadas cortas. No hace falta ser montañero, pero sí llevar calzado cerrado y agua.
Qué te vas a encontrar y qué no
Empecemos por lo que no hay, que es más importante: no hay chiringuito, no hay hamacas, no hay baño, no hay agua potable, no hay socorrista y no hay sombra salvo un par de rincones bajo los pinos del extremo este que se llenan pronto.
Eso significa que Harami es una playa de media jornada, no de día completo, salvo que vengas equipado. Sombrilla propia, dos litros de agua por persona, comida si vas a quedarte, y crema. En julio y agosto la caleta se convierte en un horno entre la una y las cuatro porque los guijarros blancos reflejan el sol desde abajo.
Lo que sí hay es el agua. Al no haber arena en el fondo ni corriente que remueva nada, la visibilidad supera fácil los diez metros. Con gafas de bucear se ven salpas, doncellas y algún pulpo entre las rocas de los laterales. Es de las mejores calas de Paxi para snorkel casual y no hay que ir a ningún sitio especial: se entra desde la orilla y en veinte brazadas ya estás sobre roca.
Gente
En junio y septiembre es habitual tener la cala para dos o tres grupos. En agosto puede haber quince o veinte personas, muchas de ellas llegadas en barca desde los veleros fondeados en la bahía de Lakka. Nunca está llena en el sentido convencional.
Es también una de las pocas playas de Paxi donde el nudismo es habitual, especialmente en el extremo oeste tras el saliente de roca. No es una playa nudista oficial, pero nadie se sorprende ni se molesta.
Llegar en barca
La otra opción es acercarse por mar. Muchas agencias de Lakka y Loggos alquilan barcas sin licencia de 40 a 90 euros al día según el motor, y Harami es una de las paradas naturales del recorrido costero del norte. Se fondea a diez metros de la orilla, sobre fondo de arena y guijarro, y se llega nadando.
Con barca propia también se puede continuar hacia el oeste hasta doblar el cabo y asomarse a los acantilados de la costa occidental, aunque ahí hay que tener respeto: si el viento del noroeste levanta, el mar cambia en veinte minutos y la vuelta se pone incómoda. Con barca de alquiler, la regla es no doblar el cabo si hay previsión de más de cuatro nudos.
Cuándo venir
La luz buena es la de la mañana, entre las nueve y las doce, cuando el sol viene de frente y el agua se enciende. Por la tarde la cala se queda en sombra antes que otras playas del norte, hacia las seis, lo que en agosto se agradece pero en junio deja el baño fresco.
Si Harami te queda pequeña, la costa entre Lakka y aquí está salpicada de calas mínimas de tres o cuatro metros donde no hay literalmente nadie. Se identifican desde el camino y se baja por trochas cortas. Ninguna tiene nombre en los mapas.
Para un plan más cómodo con servicios, la referencia sigue siendo Monodendri, a diez minutos en coche por el otro lado de la isla.