Diez minutos de Gaios y otro planeta

Loggos está a la mitad exacta del camino entre Gaios y Lakka, en la costa este, y es el pueblo más pequeño de los tres. Diez minutos en coche desde la capital y el cambio de registro es total: aquí no llega ningún barco de excursión, no hay tiendas de souvenirs y la actividad principal es mirar el mar.

El pueblo es literalmente un muelle en forma de L con una fila de casas detrás. Cuatro tabernas, un par de bares, una tienda de alimentación y unas cuantas casas de alquiler. Se recorre en tres minutos andando y se tarda dos días en agotarlo, si es que lo agotas.

La fábrica de jabón

Lo primero que llama la atención al llegar es un edificio industrial abandonado en el extremo norte del puerto, con la chimenea todavía en pie. Es la antigua fábrica de jabón de Loggos, que funcionó durante décadas transformando el aceite de oliva de baja graduación de los olivares de la isla, el que no valía para mesa, en jabón que se exportaba a Corfú y al continente.

Cuando el aceite paxiota dejó de ser rentable y el turismo tomó el relevo, la fábrica cerró. Hoy es una ruina fotogénica al borde del agua que nadie ha tocado, y que resume mejor que ningún cartel la historia económica de Paxi: siglos de olivo, medio siglo de turismo.

Levrechio y las calas de alrededor

A cinco minutos andando al sur del pueblo está Levrechio, una de las dos únicas playas organizadas de Paxi, con chiringuito, hamacas y una hilera de olivos que da sombra real por la tarde. Guijarros blancos, agua transparente y un fondo que baja despacio. Es la playa de referencia de quien se queda en Loggos.

Un poco más al norte queda Monodendri, a un kilómetro escaso, la playa más conocida de la isla y la única con dos chiringuitos. Se puede ir andando por el camino de la costa en unos quince minutos, aunque el último tramo es pista de tierra.

También hay calas mínimas justo bajo el pueblo, accesibles desde el muelle, donde se bañan los locales al final de la tarde cuando los turistas ya se han ido a cenar.

Comer en el muelle

Aquí es donde Loggos justifica su fama. Las tabernas están literalmente sobre el agua, con las mesas a menos de dos metros del borde, y trabajan con pescado que en muchos casos ha llegado esa misma mañana en las barcas fondeadas enfrente.

Los precios son de Paxi, es decir, altos: entre 30 y 40 euros por persona con pescado y vino. Pero la relación con el entorno es difícil de superar en las Jónicas y es un sitio recurrente para cenas de aniversario, lo que también explica que en agosto haya que reservar mesa de terraza con un día de antelación.

Una advertencia para quien viene con niños pequeños: no hay barandilla entre las mesas y el agua en buena parte del muelle. La caída es de un metro y medio a un fondo de dos metros. Los locales lo tienen asumido, pero conviene saberlo.

Dormir en Loggos, ventajas y trampas

Es el pueblo ideal para parejas que quieren silencio absoluto y buena mesa a treinta pasos. Pero hay que ser honesto con la logística: sin coche ni moto quedas confinado a un radio de trescientos metros más las dos playas cercanas.

El autobús pasa hasta cuatro veces al día camino de Gaios y Lakka, y el último es muy temprano. No hay cajero automático, no hay farmacia y el supermercado es una tienda de barrio con lo justo. Todo eso está en Gaios, a diez minutos en coche.

El alojamiento es fundamentalmente apartamentos y estudios sobre las tabernas o en la ladera de olivos detrás del pueblo. Los de la ladera tienen mejores vistas y necesitan vehículo. Los del muelle son cómodos pero escuchas las terrazas hasta la medianoche.

Cómo llegar

Autobús desde Gaios (unos 2,50 euros, hasta cuatro salidas diarias) o taxi por unos 12 euros. En moto son diez minutos por la carretera principal, que aquí es ancha para lo que es Paxi.

Aparcar es más fácil que en Gaios o Lakka porque hay un descampado a la entrada, aunque en el pico de agosto también se llena a mediodía. Si vas solo a cenar, ve en taxi y evita el problema entero.

Desde Loggos salen algunas de las excursiones en barco a las cuevas azules de la costa oeste, y varias agencias alquilan barcas sin licencia por 40 a 90 euros al día, que es la mejor manera de descubrir las calas del este a las que no llega ninguna carretera.