La playa de andar en chanclas

Levrechio está a cinco minutos andando al sur de Loggos, lo bastante cerca como para bajar en chanclas después del desayuno y volver a comer al muelle. Esa cercanía es su principal virtud y la razón de que sea la playa favorita de quien se aloja en el pueblo.

Son unos ciento treinta metros de guijarro blanco en una ensenada abierta al este, con la vista despejada hacia el canal de Corfú y, en días claros, la costa montañosa de Epiro al fondo. El fondo es de guijarro y arena, con algún parche de roca en los laterales.

La sombra, que es lo que la distingue

Aquí está la diferencia frente a Monodendri, la otra playa organizada de la isla. Levrechio tiene una hilera de olivos viejos justo detrás de la línea de guijarros, con las copas inclinadas hacia el mar por décadas de viento. A partir de las tres o cuatro de la tarde proyectan sombra sobre buena parte de la playa.

Para quien viaja con niños pequeños, con alguien mayor o simplemente con piel que no perdona, eso convierte a Levrechio en la única playa de Paxi donde se puede pasar un día entero sin sufrir. La contrapartida es que a mediodía, con el sol en vertical, la sombra desaparece casi por completo, así que el rincón de olivos se ocupa temprano.

El chiringuito y cómo funciona

Hay un chiringuito de madera al borde de la playa con hamacas, sombrillas y servicio a la tumbona. El sistema es el habitual en la isla: consume algo y la hamaca sale prácticamente incluida. Sirven ensaladas, pescado a la plancha y bocadillos, a precios razonables para lo que es Paxi, y tienen baños.

Esto resuelve el problema logístico de la playa de día completo. No hay que cargar con nevera ni volver al pueblo a comer, y con niños se agradece el poder pedir patatas fritas a las cuatro de la tarde sin montar una expedición.

Agua, fondo y snorkel

El agua es la de siempre en la costa este de Paxi: transparente, sin arena en suspensión, templada desde junio y muy templada en septiembre. El fondo baja despacio los primeros diez metros y luego se hunde de golpe hacia los tres o cuatro.

Los extremos de la ensenada son roca y ahí está la vida: erizos, salpas, algún sargo y pulpos escondidos en los huecos. Es un snorkel modesto pero entretenido, y al estar dentro de una ensenada protegida no hay corriente que te arrastre. Con gafas y tubo hay para media hora larga.

Como en toda la isla, escarpines. El guijarro caliente a las dos de la tarde es incómodo y en la zona de entrada al agua hay algún canto suelto que hace perder el equilibrio.

Gente y aparcamiento

Levrechio recibe menos visitantes que Monodendri porque no sale en las listas de "mejores playas de Paxi" y porque la gente que llega de excursión desde Corfú no suele alejarse tanto de Gaios. En agosto habrá treinta o cuarenta personas, en junio o septiembre puedes contar a los bañistas con los dedos.

El aparcamiento es pequeño, sitio para ocho o diez coches, y se llena a media mañana. Como Loggos está a cinco minutos andando, lo más sensato es dejar el coche en el descampado de la entrada del pueblo y bajar caminando.

El plan completo del día

Nuestra rutina favorita en esta parte de la isla: mañana en Levrechio, comida ligera en el chiringuito, siesta bajo los olivos, y a las seis subir andando a Loggos para el paseo por el muelle y la cena de pescado sobre el agua. Si sobra energía, el camino de la costa lleva desde Loggos hasta Monodendri en quince minutos.

Y si te apetece cambiar de registro un día, el circuito en barco por las cuevas azules sale también desde Loggos y enseña la cara oeste de la isla, que desde tierra no se ve.