La playa organizada del norte

Monodendri es, si hay que elegir una, la playa de Paxi. Está en la costa este, a un kilómetro escaso de Loggos y a unos ocho de Gaios, en una bahía abierta al norte protegida por dos brazos de tierra con pinos y olivos.

Doscientos metros de guijarros blancos, del tamaño de una moneda de dos euros, y un agua que cambia de color según la hora: turquesa a media mañana, azul cobalto cuando el sol está alto, verde botella al atardecer. Al ser guijarro y no arena, el agua no se enturbia nunca, y esa es la razón de que las fotos de Paxi parezcan retocadas cuando no lo están.

Guijarros: la conversación pendiente

Vamos con lo que nadie te cuenta hasta que ya has puesto la toalla. Los guijarros de Monodendri son cómodos comparados con otras playas jónicas, pero siguen siendo guijarros. Caminar descalzo desde la toalla hasta el agua a las dos de la tarde, con la piedra al sol, es doloroso. Unos escarpines o unas chanclas resuelven el asunto por completo y son la diferencia entre disfrutar la playa y odiarla.

Tumbarse directamente sobre la piedra tampoco es cómodo. O alquilas hamaca en uno de los dos chiringuitos, o traes una esterilla gruesa. La toalla fina no basta.

A cambio, la entrada al agua es limpia, sin cantos rodantes bajo los pies ni fondo resbaladizo, y no hay nube de arena en suspensión. Para snorkel es infinitamente mejor que cualquier playa de arena.

Sombra, hamacas y el asunto del precio

Monodendri tiene dos chiringuitos de madera en primera línea, con hamacas y sombrilla y servicio de mesa en la propia tumbona. El sistema habitual en Paxi es que la hamaca sale gratis o casi si consumes en el bar, así que no te agobies con el precio del alquiler: pide un par de bebidas y suele quedar cubierto.

La sombra natural viene de los olivos y pinos del borde de la playa, que dan un buen refugio a partir de las cuatro de la tarde pero apenas cubren a mediodía. Si vas con bebé o con alguien que no aguanta el sol, o llegas temprano para pillar el rincón de olivos del extremo sur, o cuentas con la sombrilla del chiringuito.

Gente, aparcamiento y horas

Monodendri es la playa más frecuentada de Paxi, lo que en Paxi significa que en el pico de agosto habrá cincuenta o sesenta personas repartidas en doscientos metros. No es Corfú ni de lejos. En junio o septiembre puedes tener veinte metros de orilla para ti.

El aparcamiento es un descampado de tierra encima de la playa, con sitio para unos veinte coches. Se llena entre las once y las dos. Si llegas después, tendrás que dejar el coche en la carretera y bajar andando cinco minutos.

La alternativa más agradable es venir andando desde Loggos por el camino de costa, unos quince minutos, con el último tramo en pista de tierra. Es un paseo bonito entre olivos con vistas al canal.

Con niños

Es una de las playas más aptas de la isla para familias. El fondo baja despacio durante los primeros diez o quince metros, no hay corriente perceptible dentro de la bahía y el agua es transparente, así que se ve el fondo y a los niños en todo momento. Los chiringuitos tienen baño y sirven comida, lo que quita el problema de la comida de mediodía.

Lo único a tener en cuenta es el guijarro para los pies pequeños: escarpines, sin discusión.

Si Monodendri está lleno

A quince minutos andando al sur está Levrechio, la otra playa organizada de Paxi, algo más pequeña y con más sombra de olivo. Al norte, pasando Lakka, está Harami, una cala mucho más salvaje sin ningún servicio.

Y si lo que buscas es arena blanca de verdad, hay que cruzar a Antipaxos: el taxi acuático sale de Gaios, tarda diez minutos y cuesta unos 12 euros ida y vuelta. Vrika y Voutoumi son las playas de arena que Paxi no tiene.