Lo que queda cuando se cae el techo
En la costa suroeste de Paxi, a menos de tres kilómetros de Gaios, hay una lengua de roca que sale del acantilado, se arquea sobre el agua y vuelve a apoyarse en un pilar de caliza. Es el arco de Tripitos, y es lo más cerca que tiene esta isla de un monumento.
La formación no es un capricho: es lo que queda de una cueva marina cuyo techo se desplomó. El mar excavó la caliza blanda durante milenios hasta vaciar la roca por dentro, y cuando la bóveda cedió, la parte más resistente quedó en pie formando el puente. En su punto más alto está unos 20 metros sobre el agua.
Cómo se llega, que es la parte complicada
Aquí es donde mucha gente se rinde a mitad de camino, así que conviene explicarlo bien.
Desde Gaios se toma la carretera hacia el oeste y a los pocos kilómetros hay que desviarse por una pista de tierra que atraviesa olivares. La pista es transitable con coche pequeño, pero está llena de baches y con un utilitario de alquiler bajo se raspa el bajo. Con moto o scooter es más cómodo. Hay carteles, pero pequeños y no siempre bien colocados, así que descarga el mapa sin conexión antes de salir.
La pista termina en un ensanche donde caben cuatro o cinco coches. Desde ahí hay que bajar a pie por un sendero corto pero empinado, de tierra suelta y roca, de unos diez minutos. Con chanclas es una mala idea: se resbala. Zapatilla cerrada o sandalia con agarre.
Sobre el arco
Cuando el sendero desemboca en el borde, el arco aparece a la derecha, y la primera reacción es que parece más estrecho de lo que es. En realidad la pasarela de roca es más ancha de lo que sugiere la foto, y se puede cruzar hasta la aguja del otro lado, coronada por matorral.
Dicho esto: no hay barandilla, no hay señalización de seguridad, no hay nadie vigilando. La caída son 20 metros a un mar con fondo de roca. Se cruza mucha gente y no pasa nada, pero es una decisión personal que conviene tomar en frío, no por presión de grupo ni por la foto. Con niños pequeños, con viento fuerte o con la roca mojada, la respuesta es simplemente no.
Cuándo ir y qué esperar
La luz de la tarde es la buena. A mediodía el sol cae en vertical, el mar se ve plano y las fotos salen sin relieve. A partir de las seis, la caliza se pone dorada y el agua adquiere el verde profundo del Jónico.
Es también un sitio muy poco masificado incluso en agosto, porque la pista de tierra disuade a la mayoría. Hemos estado con dos personas más en pleno julio. No hay sombra, no hay agua, no hay bar. Lleva botella, gorra y no vayas entre las doce y las cuatro en pleno verano.
La otra manera de verlo
Si el sendero no te convence, todos los barcos que recorren la costa oeste pasan por debajo del arco camino de las cuevas azules, y lo enseñan desde el agua. La perspectiva desde abajo es muy distinta: se aprecia mejor la escala y se entiende de un vistazo cómo se formó, con las paredes de la antigua cueva todavía visibles a los lados.
La versión completa es hacer las dos cosas. Verlo desde el barco el día del circuito por las cuevas, y luego subir por tierra otro día al atardecer.
En el mismo viaje
Estando por la zona vale la pena seguir hacia el norte por la costa oeste hasta el mirador de Erimitis, donde los acantilados de arcilla blanca y naranja caen sobre el mar y donde media isla se reúne al atardecer. Está a unos veinte minutos en coche desde el desvío de Tripitos, en dirección a Lakka, y hay un bar en el borde del acantilado, uno de los pocos sitios de Paxi donde se paga por la vista y merece la pena.