Un puerto que es en realidad un canal

Gaios engaña desde el mar. Cuando el ferry se acerca desde Corfú no se ve nada parecido a un puerto, solo una costa verde de olivos. Y de pronto el barco gira, entra por una boca estrecha entre dos islotes boscosos y aparece un canal de agua verde de trescientos metros de largo con casas neoclásicas a un lado. Eso es Gaios: no una bahía, sino un pasillo de mar protegido por las islas de Agios Nikolaos y Panagia, que hacen de rompeolas naturales.

Con menos de 500 habitantes es la capital de Paxi, la sede del ayuntamiento, el sitio donde están los cajeros automáticos, el supermercado grande, la parada de autobús y el aparcamiento. Todo lo funcional de la isla ocurre aquí y todo cabe en cinco minutos andando.

Las horas de Gaios

Hay que entender el ritmo del día para no llevarse una impresión equivocada del pueblo. Entre las once de la mañana y las cinco de la tarde llegan los barcos de excursión desde Corfú, y el frente marítimo se llena de gente que tiene tres horas para verlo todo. Si tu única visita a Gaios cae en esa franja, te parecerá un sitio saturado.

A partir de las seis, los barcos se van y el pueblo cambia por completo. Las mesas salen a la plaza de los plátanos, los niños vuelven a pescar desde el muelle con hilo y anzuelo, los tripulantes de los veleros bajan a cenar recién duchados y el canal se queda en silencio. Esa es la hora buena de Gaios y la que nadie que viene solo por el día llega a ver.

Qué ver caminando

La arquitectura es lo primero. Las casas del frente marítimo son de estilo neoclásico jónico, herencia de los cuatro siglos venecianos y del breve paso británico, pintadas en rosas desvaídos, ocres y color galleta. No hay nada monumental, pero el conjunto funciona.

Detrás del muelle, la calle principal Panagioti Kanga sube hacia el interior y concentra las tiendas: aceite de oliva paxiota, jabón, cerámica, y algún anticuario improvisado. En dos manzanas se acaba y aparecen el aparcamiento, la parada de taxis y la de autobús.

En el extremo sur del canal, cruzando en barca (hay un servicio de un par de euros), está el islote de Agios Nikolaos con los restos de un pequeño fuerte veneciano del siglo XV y un molino en ruinas. Es un paseo de media hora, con vistas al canal desde el otro lado y prácticamente sin nadie.

El Museo Folclórico de Paxos, en el edificio neoclásico de la antigua escuela primaria de 1906, está al otro lado del canal y es la única visita cultural de pago de la isla. Tres o cuatro euros, una hora, y sale a cuenta si llueve o si te interesa cómo se vivía aquí antes del turismo.

Comer en Gaios

Es donde hay más oferta de la isla y también donde más varía la calidad, porque parte de los restaurantes trabajan para el excursionista de paso. Regla sencilla y bastante fiable: los sitios que están sobre el agua en la parte central del muelle cobran la ubicación; los que están en la plaza interior o subiendo la calle principal cobran la comida.

Hay una crepería histórica hacia el extremo sur del puerto, con arbolado de cristal y muebles antiguos, que abre hasta muy tarde y hace helado casero. Y a un kilómetro tierra adentro, entre olivos, hay tabernas de patio con cordero kleftiko y mejillones en caldo de ajo donde comen los paxiotas.

Base logística: por qué dormir aquí

Si vienes sin coche ni moto, Gaios es la respuesta obvia. Es el único pueblo donde tienes cajero, farmacia, supermercado surtido, autobús, taxis y el ferry a la puerta. También es el punto de salida del taxi acuático a Antipaxos, que sale cada media hora en verano y tarda diez minutos.

El precio a pagar es el trasiego diurno y algo más de ruido nocturno que en Lakka o Loggos, aunque hablamos de ruido de terraza, no de fiesta. Paxi entera se acuesta pronto.

Detalles prácticos que ahorran problemas

El aparcamiento del pueblo se llena a media mañana en agosto. Hay una segunda bolsa de aparcamiento a la salida hacia el norte, cinco minutos andando.

Los cajeros de Gaios son los únicos de la isla y se quedan sin efectivo en fines de semana largos de agosto. Saca dinero en Corfú antes de embarcar.

Las farmacias cierran a mediodía y no abren los domingos. No hay hospital: el centro de salud atiende urgencias menores y los casos serios se evacúan a Corfú, lo que en la práctica significa una hora larga. Si viajas con alguien con una condición crónica, ven con la medicación de sobra.