Se puede recorrer Quíos entera sin entender la mastiha. Se ven los pueblos amurallados, se compra un licor en el puerto y se vuelve a casa pensando que era una isla bonita.

Este museo evita eso. Es la pieza que conecta todo lo demás: por qué hay veinte pueblos fortificados en el sur y ninguno en el norte, por qué los genoveses invirtieron aquí, por qué el sultán otomano dio privilegios fiscales a esta isla y por qué en 1822 la represión fue tan brutal.

Qué es la mastiha

El lentisco (Pistacia lentiscus var. Chia) crece por todo el Mediterráneo, pero solo en el sur de Quíos produce resina en cantidad y calidad comercial. Nadie ha conseguido replicarlo en otro sitio: se ha intentado en el norte de la propia isla y no funciona.

La resina sale por incisiones que se hacen a mano en el tronco y en las ramas gruesas. Se llama kentima, y se hace entre julio y septiembre. Las gotas caen sobre el suelo, que previamente se ha limpiado y cubierto de carbonato cálcico blanco para que la resina no se ensucie. Luego se recoge, se limpia pieza a pieza y se clasifica.

Es un trabajo lento, manual y hecho por unas cinco mil familias organizadas en cooperativas. El procedimiento no ha cambiado sustancialmente desde época bizantina, y por eso la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial en 2014.

Cómo es el museo

Lo gestiona el Museo Piraeus Bank Group de Cultura Tecnológica, que es la misma fundación que lleva otros museos industriales excelentes por toda Grecia. Se nota: la museografía es moderna, clara y muy bien hecha.

El recorrido tiene tres partes. Primero la biología del lentisco y el paisaje agrícola. Luego el proceso de cultivo, recolección y limpieza, con herramientas originales y audiovisuales que muestran a productores reales trabajando. Y finalmente la historia económica, social y comercial: los genoveses, los otomanos, la cooperativa moderna y los usos industriales actuales.

Hay un audiovisual sobre la cosecha que es lo mejor de la visita: ver las manos de una señora mayor separando las lágrimas de resina una a una explica más que cualquier panel.

Fuera hay un cultivo de lentiscos que se puede recorrer, con explicación de cada fase.

Respondiendo a lo práctico

¿Hay cartelería en inglés? Sí, todo el museo está en griego e inglés. En español no.

¿Cuánto tiempo hace falta? Entre una hora y hora y media, incluyendo el audiovisual y el paseo por el cultivo exterior.

¿Merece la pena con niños? Sí, si tienen más de siete u ocho años. Es interactivo, hay cosas que tocar y el tema (el chicle sale de un árbol) engancha.

¿Vale los cuatro euros? Sin ninguna duda. Es de los museos con mejor relación calidad-precio de las islas griegas.

A qué sabe

En la tienda del museo se puede probar mastiha pura. Conviene hacerlo antes de comprar nada, porque el sabor divide opiniones: es resinoso, algo amargo al principio y con un fondo dulce a pino y cedro. A algunos les encanta y a otros les recuerda al ambientador.

De ahí salen el licor Mastiha, el chicle Elma, helados, dulces, cosmética y hasta cerveza. Los precios de la tienda son de delicatessen: es fácil dejarse cuarenta euros sin darse cuenta.

Cómo llegar y qué combinar

Está en la carretera entre Pirgi y Armolia, en pleno campo de lentiscos, señalizado. A unos veinticinco kilómetros de la Chora.

Hay aparcamiento propio. No hay autobús práctico: coche.

El orden ideal es visitar primero el museo y después los pueblos. Entrar en Pirgi o en Mesta sabiendo por qué se construyeron así cambia por completo la visita.

Si vas en temporada de cosecha (julio a septiembre) y tienes suerte, se puede ver a los productores trabajando en los campos de alrededor. Pregunta en el museo: a veces organizan salidas guiadas al cultivo.