Rodas tiene una cara gastronómica que el turismo de costa se pierde entera. Los hoteles de Faliraki y las tabernas de Sokratous sirven una versión estándar de comida griega que está bien pero que podría estar en cualquier isla. Lo interesante pasa tierra adentro, en las fincas de olivos y las bodegas familiares del interior.
Esta actividad es la puerta de entrada más cómoda a ese mundo.
Qué se hace exactamente
Se va a una finca del interior, normalmente en la zona de Maritsa o alrededores, a unos veinte minutos de la capital.
Primero la parte del aceite. Rodas produce aceite de oliva desde la antigüedad y las variedades locales dan aceites con perfil herbal y algo picante en garganta. En la cata te explican cómo se cata en condiciones, con el vaso azul para no juzgar por el color, calentando en la mano y sorbiendo con aire. Se prueban varios aceites, normalmente un temprano intenso y uno más maduro, con aceitunas curadas de distintos tipos.
Después el vino. Las variedades autóctonas son athiri para blancos y mandilaria para tintos, cultivadas sobre todo en las laderas del Attavyros junto a Embona. Se prueban tres o cuatro referencias.
Y luego la comida: once mezedes servidos en mesa compartida. Dakos, tirokafteri, dolmades, keftedes, verduras del huerto, quesos locales, pescado o carne según la temporada. Es una comida completa, no una degustación simbólica.
A quién le va a gustar
A quien viaja por la comida, obviamente. Pero también a quien lleve tres días comiendo souvlaki y quiera entender qué se come de verdad aquí.
Es una actividad excelente para días de mal tiempo o de calor extremo, porque se hace mayoritariamente bajo techo o en patio con sombra.
Y funciona muy bien para parejas y grupos pequeños. Con niños, depende: la parte de cata es aburrida para ellos, aunque en muchas fincas hay espacio exterior donde corretear y la comida les gusta.
Restricciones alimentarias
Este punto es importante y se resuelve fácil si avisas.
La cocina griega tradicional es muy amigable con el vegetarianismo: buena parte de los mezedes son verduras, legumbres y queso. Para veganos hay que avisar sí o sí, porque el queso y el yogur están en casi todo, pero suelen adaptar el menú sin problema.
Alergia a frutos secos, gluten o lácteos: comunícalo al reservar, no el mismo día. En fincas familiares con menú fijo, improvisar sobre la marcha es complicado.
Y sí, se bebe alcohol. Si no bebes, avisa y suelen ofrecer zumos o mosto, pero el precio no baja.
Precio y qué incluye
Los 70 euros de partida incluyen normalmente la cata de aceites, la de vinos y la comida completa. Verifica si el traslado desde el hotel está incluido, porque en algunas variantes va aparte y la finca está a las afueras.
Es de las actividades mejor valoradas de la isla y la razón es simple: la relación entre lo que se come y lo que se paga es muy buena. Once platos y bebida por 70 euros en una taberna de Lindos costaría lo mismo o más.
Cuándo reservar
Todo el año, aunque en invierno las salidas se reducen. Los mejores momentos son la temporada de cosecha, de octubre a diciembre, cuando se ve el molino en funcionamiento, y la primavera, cuando el campo está verde.
Con dos o tres días de antelación en verano. Los grupos son pequeños y se llenan.
Cancelación gratuita 24 horas antes en la mayoría de reservas, aunque en actividades con comida preparada algunos operadores exigen 48 horas. Léelo antes.
Un apunte
Si la parte del vino es lo que más te interesa, considera además subir por tu cuenta a Embona, en la ladera del Attavyros. Allí las bodegas familiares como Alexandris te atienden directamente los productores, la cata cuesta unos pocos euros y después puedes comer carne a la brasa en el pueblo por 15 euros. Es menos cómodo, requiere coche, y es más auténtico.