Embona está a 55 kilómetros de la capital, en la ladera norte del monte Attavyros, la montaña más alta de Rodas con 1.215 metros. Se llega por una carretera de curvas que sube entre pinares y, cuando aparece el pueblo, lo primero que sorprende es la temperatura: aquí, a 800 metros de altura, hay cinco o seis grados menos que en la costa. En agosto eso cambia el día entero.
Es el corazón vinícola de la isla y uno de los pocos sitios de Rodas donde el turismo no ha reescrito la vida local.
El vino
Las laderas del Attavyros tienen la altitud y el suelo volcánico que la uva agradece. Aquí se cultiva sobre todo athiri para los blancos y mandilaria para los tintos, dos variedades autóctonas griegas.
La bodega grande y conocida es CAIR, la cooperativa histórica fundada por los italianos, que produce también el vino espumoso más famoso de Grecia por método tradicional. Es la que aparece en todas las excursiones organizadas.
Pero lo interesante está en las microbodegas familiares. Alexandris Winery, en el propio Embona, hace un tinto llamado Citizen of the World y un rosado que están bastante por encima de la media. Kounakis es otra opción pequeña con visitas concertadas. En ambas te atiende directamente el productor y la cata cuesta unos pocos euros o directamente nada si compras alguna botella.
Nuestro consejo: llama antes o pregunta en el pueblo. Estas bodegas no tienen horario de museo, abren cuando hay alguien.
Las Noches Griegas y el otro Embona
Hay que decirlo claro porque genera confusión. Embona es famoso entre los turoperadores por las "Greek nights": cenas con espectáculo de baile, plato fijo y vino ilimitado, que llegan en autocar desde los hoteles de la costa. Se llenan tres o cuatro tabernas del pueblo y el ambiente es el que te imaginas, alegre y bastante montado.
Si eso es lo que buscas, funciona y la gente se lo pasa bien. Si no, evita la franja de las ocho a las once de la noche y ven a comer al mediodía, cuando el pueblo es simplemente un pueblo.
Al mediodía Embona ofrece lo que mejor sabe hacer: carne a la brasa. Cordero, cabrito, souvlaki, todo a la parrilla de leña, con patatas del terreno y vino de la casa. Un menú completo ronda los 12 a 16 euros por persona, la mitad que en Lindos.
Subir al Attavyros
La cumbre del Attavyros se puede alcanzar a pie. El sendero sale desde las afueras de Embona y sube unos 700 metros de desnivel en unas dos horas y media, tres de ida. Arriba hay restos de un santuario dedicado a Zeus Atabyrios, del que apenas quedan cimientos, y una vista que en días muy claros llega hasta Creta.
Es una ruta seria: no hay sombra, no hay agua y en verano hay que salir de madrugada. Lleva al menos dos litros por persona, gorra y móvil cargado. En mayo y octubre las condiciones son mucho mejores.
Si no quieres el esfuerzo completo, la carretera que va de Embona hacia Agios Isidoros rodeando la montaña ofrece miradores excelentes sin bajarse del coche.
Lo que hay cerca
Toda esta zona del interior oeste merece un día entero en coche. Desde Embona se puede bajar hacia Kritinia, donde está el castillo de los Caballeros con vistas hacia Halki, y seguir por la costa hasta Monolithos, que tiene una fortaleza del siglo XV sobre un peñón vertical y una playa casi vacía debajo, Fourni.
Hacia el norte, en dirección a la capital, queda el yacimiento de Kamiros, la tercera ciudad doria de la isla, con su trazado urbano helenístico excavado en la ladera.
Lo práctico
En autobús es prácticamente inviable: hay uno o dos servicios al día y no permiten hacer nada. Necesitas coche.
La carretera desde la capital pasa por Kalavarda y sube en curvas cerradas. Son unos 70 minutos. Con propensión al mareo, siéntate delante.
No hay cajeros en el pueblo, o los hay muy justos. Lleva efectivo para las bodegas pequeñas y las tabernas.
Y una recomendación de ruta: combina Embona con el Valle de las Mariposas y con la colina de Filerimos en un mismo día. Salen unos 130 kilómetros de circuito por el noroeste, se hacen sin agobio y te dan la cara de Rodas que no aparece en los folletos.