Tsambika es la playa que sale en las postales de Rodas cuando la postal no es de Lindos. Ochocientos metros de arena dorada muy fina, agua turquesa que se mantiene a la altura de la cintura durante veinte o treinta metros mar adentro, y encima, colgado en un peñón de 300 metros, un monasterio blanco.

Si viajas con niños pequeños, esta es probablemente la mejor playa de la isla y merece la pena que lo sepas antes de decidir dónde alojarte.

El agua y la arena

Lo que hace especial a Tsambika es la combinación de arena fina de verdad, no guijarro disfrazado, con una entrada al mar en pendiente muy suave. Un niño de cuatro años puede caminar veinticinco metros y seguir con el agua por la cintura. En la costa este de Rodas eso no es habitual.

El agua está más caliente que en otras playas de la isla por lo somero de la plataforma y por su orientación. En junio ya se baña uno cómodamente y en septiembre sigue templada.

El contra de ese mismo hecho es que, cuando sopla viento de levante fuerte, la bahía puede levantar oleaje corto y algo turbio. No pasa a menudo, pero si el día amanece ventoso, mejor ir a otra parte.

Sombra: el punto débil

Aquí toca ser sincero. Tsambika no tiene sombra natural. Ni un árbol, ni un saliente rocoso aprovechable. La única sombra es la de las sombrillas de alquiler.

El pack de dos hamacas con sombrilla cuesta entre 12 y 20 euros según la zona y el operador. En julio y agosto, si llegas después de las once, las primeras filas están todas ocupadas.

Si quieres ahorrar y llevas tu propia sombrilla, se puede plantar en los extremos de la playa, sobre todo en el lado sur, donde la ocupación comercial afloja. Pero necesitas un tornillo de anclaje de verdad, porque la arena es fina y el viento la tumba.

Multitudes y cuándo ir

Es una playa muy popular y en agosto está llena. El aparcamiento, que es grande, se colapsa a partir de las once. Los chiringuitos ponen música y hay motos de agua y banana, así que de tranquilidad zen, poca.

La franja buena es antes de las diez y media o después de las cinco de la tarde. En mayo, junio y septiembre está infinitamente mejor: mismo agua, un tercio de gente.

El monasterio de arriba

En la cima del peñón está el monasterio de Panagia Tsambika. Se sube por 300 escalones desde el aparcamiento de la carretera y la vista abarca toda la costa este.

Tiene una tradición muy arraigada: las mujeres que no consiguen quedarse embarazadas suben descalzas los escalones y rezan a la Virgen. Si después nace un niño, se le pone de nombre Tsambikos o Tsambika. Es por eso que esos dos nombres, rarísimos en el resto de Grecia, son extremadamente comunes en Rodas.

La subida se hace en 20 o 30 minutos y conviene hacerla temprano o al atardecer. No hay sombra tampoco aquí.

Lo práctico

Hay aparcamiento gratuito grande junto a la playa, al final del camino de bajada. En autobús es incómodo porque la parada queda arriba, en la carretera principal, y hay kilómetro y medio cuesta abajo hasta la arena, con la correspondiente subida a la vuelta bajo el sol.

Hay tres chiringuitos con comida sencilla, duchas y aseos. Precios de playa organizada: unos 4 euros la cerveza, 12 a 15 euros un plato.

No hay socorrista permanente todos los días. Con la plataforma tan somera el riesgo es bajo, pero conviene saberlo.

Alternativas cerca

Si Tsambika está saturada, Afandou queda cinco kilómetros al norte y tiene kilómetros de costa donde siempre cabe alguien más. Y si buscas lo contrario, agua transparente entre rocas para bucear con tubo, la bahía de Anthony Quinn está a quince minutos en coche hacia el norte.