Está en el punto más alto de la Ciudad Vieja y se ve desde media isla. El Palacio del Gran Maestre, o Kastello para los locales, es lo que la mayoría de la gente tiene en la cabeza cuando piensa en Rodas medieval: dos torres redondas flanqueando una puerta enorme, muros ciegos, aspecto de fortaleza inexpugnable.

La historia tiene un giro que conviene conocer antes de entrar, porque cambia la manera de mirarlo.

Un castillo del siglo XIV reconstruido en los años treinta

El palacio original lo levantaron los Caballeros Hospitalarios en el siglo XIV sobre una acrópolis bizantina, y sobrevivió a otomanos y terremotos. Lo que lo destruyó fue una explosión accidental en 1856: un polvorín olvidado bajo la iglesia de San Juan voló por los aires y se llevó por delante buena parte del edificio.

Lo que se visita hoy es una reconstrucción italiana de los años treinta. Mussolini quería convertirlo en residencia de verano para él y para el rey Víctor Manuel III. Se gastó una fortuna, encargó copias de muebles renacentistas, trajo mosaicos romanos y helenísticos desde Kos para pavimentar las salas, y al final nunca puso un pie aquí.

Esto no le quita valor, pero sí cambia lo que estás viendo. El exterior es medieval auténtico en su mayor parte. Los interiores son escenografía del siglo XX de altísima calidad. Y los mosaicos son genuinamente antiguos, aunque estén fuera de su contexto original: hay uno de la Medusa gorgona, en la sala que lleva su nombre, que es espectacular.

Qué merece más tiempo dentro

Las 24 salas abiertas se recorren en hora y media larga, pero hay tres cosas que no deberías pasar de largo.

Los mosaicos de suelo, sala tras sala. Escenas de peces, cabezas de Medusa, geometrías helenísticas. Vienen casi todos de la isla de Kos y se colocaron aquí en los años treinta.

Las dos exposiciones permanentes en la planta baja: una sobre la Rodas antigua y otra sobre la Rodas medieval. La segunda es sorprendentemente buena y suple el vacío que dejó el cierre del antiguo Museo Bizantino. Aquí es donde entiendes cómo funcionaba la Orden de San Juan, cómo se organizaba en siete lenguas nacionales y por qué acabó marchándose a Malta.

El patio central, con su suelo de losas geométricas y las estatuas helenísticas alineadas bajo la galería. Es el mejor sitio para hacer una pausa y el más fresco del edificio en pleno julio.

Lo práctico: entradas, horarios y calor

La entrada general cuesta 10 euros en temporada alta y suele bajar en invierno. Existe un billete combinado en torno a 10 euros que incluye también el Museo Arqueológico, el Museo de Artes Decorativas y la iglesia de Nuestra Señora del Burgo, y que amortiza si vas a ver dos o más.

Los ciudadanos de la Unión Europea menores de 25 años entran gratis presentando documento. Hay días de entrada libre en fechas señaladas del calendario cultural griego, normalmente el primer domingo de mes entre noviembre y marzo.

El horario de verano se extiende hasta las ocho de la tarde, pero la última entrada es a las siete y media. Nuestra recomendación es ir a primera hora, sobre las ocho y cuarto, cuando abre. A las once ya hay cola en taquilla y los grupos de crucero llenan las salas.

Sobre si merece el desvío: sí, pero con expectativas ajustadas. Si vienes buscando interiores medievales originales te vas a llevar una decepción. Si vienes a ver una fortaleza monumental con mosaicos antiguos extraordinarios y dos exposiciones bien montadas sobre la historia de la isla, sales encantado. Nosotros lo pondríamos por detrás del Museo Arqueológico en calidad de colección, y por delante de casi todo lo demás en impacto visual.

Hay señalética en griego e inglés en todas las salas. En español no hay, pero se puede contratar audioguía. Con niños funciona bien: las armaduras, los cañones y las escaleras de caracol les enganchan, y en hora y cuarto está visto.

Cómo llegar y qué hay al lado

Está en el extremo norte del Barrio de los Caballeros, al final de la Calle de los Caballeros subiendo desde el Museo Arqueológico. Desde la Puerta de Amboise son cuatro minutos andando cuesta arriba.

Desde el palacio se accede además al paseo de la muralla, que se puede recorrer hasta la puerta de Agiou Ioannou. Este tramo tiene horarios más restringidos, normalmente unos pocos días a la semana, pero si coincide, las vistas sobre los tejados de la Ciudad Medieval son las mejores que vas a conseguir.