Ampelakia es el sitio de Salamina donde más cuesta creer lo que estás mirando. Una bahía tranquila con barcas amarradas, dos tabernas, casas bajas y una carretera de pueblo. Y debajo del agua, a poca profundidad, los cimientos de la ciudad que financió la flota que derrotó a Jerjes.
El pueblo más viejo de la isla
Las guías clásicas, la DK Eyewitness incluida, lo describen como la aldea más antigua de Salamina. Está en la costa este, mirando al estrecho, y su bahía cerrada fue el puerto natural de la isla desde la Edad del Bronce.
Hoy conserva un aire de barrio pesquero que se resiste al tiempo. No hay hoteles ni tiendas de recuerdos, solo casas de una planta, redes tendidas y una vida de calle que ocurre a la hora de la cena. En la orilla se ven ferries retirados fondeados durante años, una estampa entre melancólica e industrial que forma parte del paisaje real de la isla.
La ciudad clásica bajo el mar
Aquí estuvo la Salamina del siglo V a.C. con su puerto militar. El nivel del mar ha subido y el terreno se ha hundido desde entonces, así que buena parte del asentamiento quedó sumergido.
En 2022 una campaña de arqueología subacuática documentó en la bahía de Ampelakia los restos de un gran edificio público de época clásica, con muros de sillería, junto a otras estructuras portuarias. Se especula con que pudiera ser una stoa o un edificio administrativo asociado al puerto. La investigación sigue abierta y no conviene dar por cerrada ninguna interpretación.
Lo que sí puedes hacer, y es gratis, es asomarte al agua en un día quieto y ver formas rectas donde no debería haberlas. Con gafas de snorkel y sin alejarte de la orilla se distinguen bloques trabajados. Es de las pocas ruinas griegas que se visitan en bañador.
Un aviso importante: es un yacimiento protegido. Mirar y nadar por encima está permitido, tocar, mover o sacar cualquier cosa no lo está, y la vigilancia en esta zona es real por la proximidad de instalaciones navales.
Pain points: qué te vas a encontrar de verdad
Seamos francos. No hay centro de interpretación, ni paneles, ni recorrido señalizado. Si vienes esperando un yacimiento visitable al modo de Delfos, te vas a frustrar. Esto es una bahía de pueblo con historia debajo, no un parque arqueológico.
Tampoco es una playa para pasar el día. El agua de la costa este está frente al canal de Perama y al tráfico portuario. Nosotros no nos bañaríamos aquí más allá de un chapuzón de curiosidad arqueológica: para nadar de verdad está el sur de la isla, empezando por Kanakia.
Lo que sí funciona muy bien es comer. Las dos o tres tabernas de la orilla sirven pescado del día a precios que en las Cícladas parecerían una errata, con mesas a metro y medio del agua. Es uno de los mejores almuerzos de la isla.
Cómo llegar y con qué combinarlo
Desde Paloukia son unos tres kilómetros hacia el sur por la costa: diez minutos en coche o un autobús urbano cada hora aproximadamente. También se puede hacer caminando en unos cuarenta minutos por la carretera litoral, aunque sin acera continua y con tráfico, así que no lo recomendamos con niños.
La combinación lógica es Ampelakia con el cabo de Kynosoura, que cierra esta misma bahía por el norte y desde donde se abarca el escenario completo de la batalla. Están a cinco kilómetros el uno del otro y juntos cuentan la historia entera: aquí estaba la ciudad, ahí enfrente se hundió la flota persa.
Calcula una hora para el pueblo y la orilla, más lo que te lleve la comida. Si te interesa la parte arqueológica, el Museo Arqueológico en Koulouri guarda muchas de las piezas recuperadas en esta zona y le da sentido a lo que has visto desde la superficie.