La primera vez que subimos de Paloukia a Koulouri esperábamos otra cosa. Íbamos con la imagen mental de pueblo griego de callejón encalado y buganvilla, y lo que encontramos fue una ciudad pequeña de verdad, con semáforos, farmacias de guardia y gente haciendo la compra.
Tardamos media hora en entender que ese era el atractivo, no el defecto.
Por qué se llamaba Koulouri
Del siglo XIII al XIX la isla entera y su capital no se llamaron Salamina sino Koulouri. Hay dos explicaciones y ninguna está zanjada. La popular dice que es por la forma redonda y agujereada de la isla, parecida a la rosquilla de sésamo que se vende en todas las esquinas de Atenas. La académica, que recoge el propio ayuntamiento, la hace derivar del cabo Koloúris, hoy llamado Punta.
El nombre antiguo se recuperó oficialmente en el siglo XIX, cuando el estado griego moderno se dedicó a devolver la toponimia clásica al mapa. Pero pregunta en el Pireo por Koulouri y todo el mundo sabe de qué hablas. Aquí los nombres viejos aguantan.
Qué hay que ver caminando
El eje del casco antiguo es la costa de Karaiskakis, un paseo marítimo de palmeras que bordea la bahía occidental. Es la parte más bonita de la capital y a la que van los locales a pasear al atardecer, cuando el sol cae justo enfrente sobre el agua.
La iglesia de Agios Nikolaos preside la plaza principal. No es un monumento bizantino de manual, es la parroquia grande de un pueblo marinero, con exvotos de barcos colgados y un patio donde la gente se sienta a esperar. Vale la pena entrar cinco minutos.
Alrededor de la plaza está el mercado. Tres panaderías, dos pescaderías con género del día y un par de tiendas de ultramarinos donde el aceite se vende a granel. Hicimos aquí la compra para comer en la playa y salimos con pan, queso feta de barril, tomates y aceitunas por menos de siete euros.
Y hay un detalle literario que casi nadie conoce: Angelos Sikelianos, uno de los grandes poetas griegos del siglo XX, vivió en la isla y tuvo casa aquí. Su presencia se recuerda en varias placas del casco urbano.
Pain points: qué esperar y qué no
Vamos con lo incómodo, porque es lo que necesitas saber antes de venir.
Koulouri no es fotogénica en el sentido convencional. Hay edificios de los años setenta, cableado aéreo y aceras estrechas. Si tu plan es hacer fotos de callejón cicládico, este no es el sitio y te vas a llevar un chasco.
Tampoco hay playa aquí. La bahía de la capital es de agua tranquila pero no invita a bañarse: para eso hay que ir al sur de la isla. Para meterte en el agua sin coche, Selinia es la opción realista.
En cambio, para comer es de los mejores sitios de la isla. Las tabernas del paseo y de las calles interiores cobran precios de barrio ateniense: un plato de pescado del día ronda los 12 euros y una comida completa para dos con vino de garrafa se queda en 30 o 35. En verano ninguna necesita reserva salvo el sábado noche.
Cómo llegar y cuánto tiempo dedicarle
Desde Paloukia hay autobuses urbanos frecuentes hasta la plaza de Koulouri, unos diez minutos de trayecto y en torno a 1,50 euros. En coche son cinco kilómetros por carretera ancha, con aparcamiento razonable fuera de agosto.
Una hora y media basta para verlo todo con calma: paseo de palmeras, plaza, iglesia, mercado y café. Si añades el Museo Arqueológico de Salamina, que está a diez minutos andando, calcula tres horas.
Nuestro consejo de orden para un día completo: llega por la mañana, dedica Koulouri a primera hora cuando el mercado está vivo, come aquí o en Ampelakia, y reserva la tarde para el sur de la isla y el baño. El casco viejo se disfruta mejor con las tiendas abiertas que a las cuatro de la tarde, cuando media Grecia echa el cierre.