Esta es la playa que justifica el viaje entero a Samos, y también la que más hay que trabajarse.

No hay carretera que llegue. No hay chiringuito, ni hamacas, ni un grifo de agua. Solo trescientos metros de arena clara al pie de un acantilado boscoso, agua de un azul intenso, y el silencio de un sitio al que la mayoría de la gente no llega.

Está en la costa noroeste, dentro de una zona protegida de la red Natura 2000 que es uno de los últimos refugios de cría de la foca monje del Mediterráneo, una de las especies marinas más amenazadas de Europa.

Cómo se llega, que es media historia

Andando. El sendero costero arranca del aparcamiento de Potami, al oeste de Karlovasi. Son unos cinco kilómetros de ida por un camino que va cortado en la ladera, con el mar abajo, cruzando pinar y matorral.

A los cuarenta y cinco minutos se llega a Mikro Seitani, una cala pequeña de guijarro que ya es una recompensa en sí misma y donde mucha gente se queda. Desde ahí, otros cuarenta y cinco minutos largos hasta Megalo.

El camino no tiene dificultad técnica: no hay que trepar ni pasar tramos expuestos serios. Lo que tiene es sol, calor y muy poca sombra en la segunda mitad. En agosto, a mediodía, es duro de verdad.

En barco. En verano salen taxi boats desde el puerto de Karlovasi y algunas excursiones de un día pasan por aquí. Es la opción cómoda y la que recomendamos a quien no vaya a caminar tres horas bajo el sol.

Lo que hay que llevar, sin excepciones

Esto no es una recomendación amable, es lo que hace que el día salga bien o mal.

  • Agua. Mínimo dos litros por persona, y tres si haces la caminata en julio o agosto. No hay ni una fuente en todo el recorrido ni en la playa.
  • Comida. No hay dónde comprar nada. Bocadillo, fruta y frutos secos.
  • Sombrilla o toldo ligero. La playa no tiene ni un árbol útil. La sombra del acantilado solo llega a última hora de la tarde y en algunos puntos.
  • Crema solar y gorra.
  • Calzado cerrado para el sendero. Chanclas no.
  • Escarpines si vas a bañarte cómodo, aunque aquí hay más arena que en el resto de la isla.

Y sal temprano. Entre las siete y las ocho de la mañana en verano. A las once ya hace demasiado calor para el tramo abierto.

Las focas

Megalo Seitani es zona de cría de la foca monje. Ver una es improbable pero no imposible, y si ocurre, la norma es simple: no acercarse, no perseguirla, no hacer ruido y observar de lejos.

Hay cuevas en el acantilado que las focas usan para parir entre septiembre y noviembre. Entrar en ellas está prohibido y con toda la razón: la especie está al borde de la extinción y el aislamiento de este tramo de costa es precisamente lo que la sostiene.

Tampoco se puede acampar ni hacer fuego. No hay control permanente, pero la zona está protegida y conviene comportarse como si lo hubiera.

Lo que te vas a encontrar

Una playa amplia de arena gruesa y guijarro fino, con el agua entrando en pendiente suave y una transparencia que impresiona incluso después de haber visto media Grecia.

Gente, poca. En un día de agosto puede haber quince o veinte personas. En junio o septiembre, cinco. Fuera de temporada, ninguna.

El fondo es limpio y hay roca en los extremos con bastante vida para hacer snorkel. Si llevas gafas y tubo, aprovéchalas.

Al ser costa norte, entra el meltemi. Con viento fuerte hay oleaje y el barco no sale. Consulta el parte el día antes.

¿Merece las tres horas de caminata?

Depende de quién seas. Si te gusta caminar y valoras el silencio y la sensación de haberte ganado el sitio, esto es lo mejor de Samos con diferencia, y una de las playas más bonitas de todo el Egeo.

Si vas con niños pequeños, con calor extremo, o simplemente no te apetece andar cinco kilómetros de ida y cinco de vuelta, coge el taxi boat sin ningún complejo. La playa es la misma.

Y si nada de esto encaja con tu viaje, Tsamadou y Tsambou dan un ochenta por ciento de la belleza con el cero por ciento del esfuerzo. Todas las opciones están comparadas en la guía de Samos.

Nosotros volveríamos andando. Pero al amanecer, y con la mochila llena de agua.