Tsamadou es la foto que sale cuando buscas Samos en internet. Una bahía ancha de guijarro blanquísimo, agua de un turquesa que parece filtrado, y una pared de pinos verdes cayendo hasta el borde del mar.

Y sí, es tan bonita como en las fotos. Lo que las fotos no cuentan es que en agosto, a las dos de la tarde, no cabe una toalla más.

Está a tres kilómetros al oeste de Kokkari, en la costa norte.

La bajada, que es lo primero que sorprende

Se aparca arriba, en el arcén de la carretera, y se baja por una escalera de piedra de unos cien escalones entre la vegetación. La subida de vuelta, con el calor de la tarde, la nevera y las sillas, es el peaje que se paga por la playa.

No es dura para alguien en forma normal, pero con problemas de rodilla o de espalda es un factor a considerar. Con carrito de bebé es directamente inviable: hay que bajar al niño en brazos.

Aparcar es el otro problema. El arcén tiene sitio limitado y en agosto la fila de coches se estira trescientos metros carretera arriba. Llega antes de las once o después de las cuatro y media.

Cómo es la playa

Unos 400 metros de guijarro claro, redondeado y de tamaño medio, en una bahía abierta al norte. El agua entra en pendiente suave y coge profundidad a los pocos metros.

La playa está dividida de facto en tres tramos. El oeste, con chiringuito, hamacas y sombrillas, que es donde se concentra la mayoría. El centro, libre y sin servicios, donde puedes plantar tu sombrilla. Y el este, pasada una lengua de rocas, que se usa como zona nudista desde hace décadas.

Esa división es informal pero muy respetada. Si vas con niños o simplemente prefieres evitarlo, quédate en la mitad oeste y no hay ningún problema.

Lo que hay que saber antes de ir

Sombra: escasa. Los pinos dan algo en los bordes a primera y última hora, pero el grueso de la playa está a pleno sol. O alquilas hamaca con sombrilla, o llevas la tuya.

El precio de las hamacas: entre 10 y 15 euros el par con sombrilla, según chiringuito y temporada. En algunos te lo descuentan si consumes.

Escarpines: obligatorios, y aquí más que en ninguna otra. El guijarro es grande y resbala mucho al entrar y salir.

El viento y el oleaje: la bahía mira al norte y el meltemi de julio y agosto la castiga. Hay días de bandera roja con oleaje serio y resaca cerca de la orilla. No es una playa que recomendemos con niños pequeños en días de viento. Consulta el parte por la mañana: si sopla del norte con fuerza, vete a la costa sur.

Aglomeración: es el gran pero. En julio y agosto, entre las doce y las cinco, está llena. En junio y septiembre es otra cosa completamente distinta y merece muchísimo la pena. Si vienes en pleno agosto, ve a las nueve de la mañana o a partir de las cinco.

Servicios: dos chiringuitos con comida ligera y bebidas, duchas de agua dulce, y baños en los chiringuitos. No hay socorrista.

¿Con niños?

Con matices. Los días en calma es una playa estupenda para chapotear y hacer snorkel: el agua es clarísima y hay roca en los extremos con bastante pez. Los días de viento, no.

El guijarro también complica: cuesta andar, cuesta jugar, y las palas y el castillo de arena no existen aquí. Si viajas con niños pequeños y quieres arena de verdad, Psili Ammos, en la costa sureste, es la respuesta.

La alternativa de al lado

Lemonakia está en la bahía siguiente hacia el este, a menos de un kilómetro. Es más pequeña, con la misma agua y el mismo guijarro, y con dos restaurantes a pie de playa. Precisamente por pequeña se llena antes.

Y si las dos están imposibles, Tsambou, cuatro kilómetros más al oeste, suele estar bastante más tranquila con un paisaje muy parecido. Es nuestro plan B habitual y muchas veces acaba siendo el plan A.

En resumen

Es la playa más bonita de Samos y hay que verla. Pero elige bien el momento: temprano, o fuera de agosto, o los dos.

Lleva escarpines, sombrilla propia si no quieres pagar hamaca, y agua. Y si la escalera te preocupa, súbela con calma, que no hay prisa. El resto de opciones de playa de la isla están repasadas en la guía de Samos.