Hay dos Psili Ammos en Samos y conviene no confundirlas. Una está en el suroeste, cerca de Marathokampos, y es pequeña y tranquila. La otra, la que nos ocupa, está en el extremo este de la isla, a veinte minutos de Vathy, y es la que la mayoría de la gente busca.
Psili Ammos significa literalmente arena fina. Y en una isla donde el noventa por ciento de las playas son de guijarro, ese nombre es una declaración de intenciones.
Arena, agua baja y Turquía delante
La playa son unos doscientos metros de arena clara y fina de verdad, sin piedras, en una ensenada resguardada que mira al este. El fondo entra en pendiente suavísima: se puede caminar veinte o treinta metros mar adentro y seguir haciendo pie.
Eso, sumado a que aquí no entra el meltemi porque la costa mira al este y la propia masa de Anatolia hace de pantalla, la convierte en la playa más segura y cómoda de Samos para bañarse con niños pequeños. Es literalmente lo contrario de Tsamadou.
Y luego está la vista. La costa turca queda a menos de dos kilómetros, tan cerca que se distinguen las casas, los coches en la carretera de enfrente y de noche las luces de los pueblos. Es una perspectiva que no se olvida y que explica muy bien la posición geográfica de esta isla, algo que contamos con más detalle en la guía de Samos.
Los servicios, que aquí son buenos
Hay varias tabernas y beach bars a pie de arena, y algunos tienen fama real en la isla. La cocina de pescado es buena y los precios razonables: entre 15 y 22 euros por persona.
Las hamacas con sombrilla salen baratas comparado con otras playas griegas. En algunos sitios las hemos visto a 8 euros el par, y en la mayoría no pasan de 12. Si consumes en el chiringuito, muchas veces te las descuentan.
Hay duchas de agua dulce y baños en los establecimientos. Aparcamiento gratuito junto a la playa, con bastante sitio salvo en pleno agosto a mediodía.
Los inconvenientes
Es pequeña y se llena. Doscientos metros no dan para mucho. En julio y agosto, a partir de las once y media, está bastante ocupada, y a las dos de la tarde compites por el espacio. Ve pronto o a partir de las cuatro y media.
Sombra natural: cero. No hay árboles junto a la arena. Toda la sombra es de sombrilla, alquilada o propia. Con niños esto es importante: sin sombrilla, a mediodía de agosto, la playa no es viable.
Algas en primavera. Fuera de temporada alta puede acumularse posidonia en la orilla, sobre todo después de temporales. No es sucio ni molesto para bañarse, pero visualmente resta.
La carretera. Los últimos kilómetros son estrechos y con curvas. Nada dramático, pero ve con calma.
El autobús es poco fiable. Hay línea de KTEL desde Vathy en verano pero con pocas frecuencias y sin servicio los domingos. Aquí el coche marca la diferencia.
Alrededor: el rincón más desconocido de la isla
Esta esquina oriental de Samos es la menos transitada y merece una mañana entera. Posidonio, un puerto pesquero diminuto a cinco kilómetros al norte, tiene dos tabernas de pescado donde comen los locales y una calita de guijarro con vistas al estrecho.
Cerca queda también Klima, otra pequeña bahía resguardada, y el pueblo de Mytilinii, tierra adentro, con un museo paleontológico curioso donde se exponen fósiles de mamíferos que vivieron aquí cuando la isla era parte del continente.
Y a media hora larga por la costa está Pitagoreion con todo el patrimonio antiguo de la isla.
¿Para quién es esta playa?
Para familias con niños pequeños, sin discusión. Es la mejor de Samos para eso: arena, agua sin profundidad, sin oleaje, con tabernas al lado y baños cerca.
Para quien quiera un día de mar en calma cuando el norte está con viento. Es el plan B perfecto de julio y agosto.
Y para quien tenga curiosidad geográfica. Estar tumbado en una playa griega mirando Asia a dos kilómetros es una sensación rara y buena.
No es la playa más espectacular de la isla, eso lo tiene Tsamadou, ni la más salvaje, que es Megalo Seitani. Es la más práctica y la más cómoda, y muchos días eso es exactamente lo que uno busca.