Livadi es la segunda playa evidente de Schoinoussa y, para bastante gente, la mejor de las accesibles. Está a un kilómetro de la Chora, unos quince minutos caminando por el camino que baja hacia el sureste, y lo que te encuentras al llegar es una franja larga de arena dorada con árboles grandes creciendo hasta casi tocar el agua.

Esos árboles son la clave de Livadi. En una isla donde la mayoría de las playas te dejan a merced del sol, aquí hay sombra natural de sobra y no necesitas sombrilla ni madrugar para conseguir sitio bajo un tamarisco. En agosto, con cuarenta grados a mediodía, esa diferencia se nota muchísimo.

El agua y el fondo

La playa mira al sur, lo que en verano griego es una ventaja notable: queda protegida del meltemi que azota la costa norte de la isla. Los días en que Psili Ammos es impracticable por el viento, Livadi está en calma absoluta. Si llegas a Schoinoussa en pleno julio o agosto, esta regla te va a salvar más de una jornada.

El fondo es de arena limpia con algún parche de roca en los extremos, sin erizos en la zona de baño y con una entrada muy progresiva. Se nada cómodo y largo, y el agua tiene ese color verde azulado transparente que es marca de la casa en las Pequeñas Cícladas. Los extremos rocosos son buen sitio para ponerse las gafas y mirar: hay sargos, salmonetes y algún pulpo escondido entre las piedras.

Servicios y sombra

Hay un café-restaurante junto a la arena, abierto en temporada, que sirve bebida fría, café y comida sencilla. No es un beach club: es un negocio familiar con mesas a la sombra. Eso, más los árboles, es toda la infraestructura.

No hay duchas, no hay socorrista, no hay hamacas alquilables ni papeleras. La norma de la isla se aplica igual aquí: trae agua, trae lo que vayas a comer si no piensas usar el restaurante y llévate la basura de vuelta.

Para familias, Livadi funciona muy bien. Sombra abundante, agua tranquila, arena sin piedras y un sitio donde comprar algo si se complica la cosa. El único pero es que está un poco más lejos del pueblo que Tsigouri, algo a tener en cuenta con niños muy pequeños y a pleno sol.

Cuánta gente y cuándo ir

Livadi rara vez está llena. Incluso en agosto se reparte bien porque la playa es larga y los árboles crean espacios separados. Un día punta son veinte o treinta personas; en junio y septiembre puedes contar a los bañistas con los dedos de una mano.

A cinco minutos andando desde el extremo de Livadi está Tholari, una cala pequeña y arenosa que casi nadie pisa. Si Livadi te parece concurrida (cosa difícil) esa es la escapatoria inmediata. Y siguiendo la costa hacia el este se llega a Almyros, otra arena grande de aguas muy someras que en la isla tiene fama de ser la ideal para bebés.

Cómo llegar

El camino desde la Chora es de tierra, cómodo y prácticamente todo en bajada. Quince minutos a paso tranquilo. Sin sombra en el trayecto, así que en julio y agosto evita hacerlo entre las doce y las cuatro.

No hay parking porque casi nadie tiene vehículo en Schoinoussa, y tampoco lo necesitas. La isla entera se camina, y ese es justamente su encanto: puedes desayunar en el pueblo, bajar a Livadi, pasar el día, subir a cenar y no haber tocado un motor en veinticuatro horas. Si quieres explorar las calas sin camino, la opción es la barca local que rodea la isla y que también hace excursiones a Iraklia y Koufonisia.