La regla general en las islas griegas es que la playa del puerto es la que te saltas. Kamares es la excepción que confirma la regla, y de largo.

Aquí el puerto ocupa un extremo de una bahía muy grande y muy resguardada, así que la playa queda a un lado, sin ruido de rampas ni de camiones. Son unos quinientos metros de arena dorada y ancha, con montañas peladas cerrándola por los tres lados y agua que entra con una pendiente suavísima.

Por qué funciona tan bien

Primero, el agua. La bahía de Kamares está orientada al oeste y muy cerrada, lo que significa que cuando el meltemi del norte azota la isla, aquí el mar sigue plano como una piscina. Es la playa que mejor aguanta los días de viento.

Segundo, la arena. Es fina, clara y ancha, así que hay sitio incluso en agosto, sobre todo si caminas hacia el extremo norte de la bahía, que es la parte menos concurrida.

Tercero, la logística. Puedes bajar del ferry, dejar la maleta en el alojamiento y estar en el agua quince minutos después. Para la última mañana antes de coger el barco, es imbatible: te bañas, te duchas, comes en una taberna del paseo y te vas al muelle andando.

Sombra, servicios y detalles

Hay tamariscos en varios tramos de la parte sur, lo que da sombra natural gratuita, y sombrillas de alquiler en el resto por unos 10 a 15 euros el juego. La zona norte tiene menos servicios y menos gente.

En el paseo hay de todo: tabernas, cafés que abren desde el desayuno, un par de bares con mesas casi tocando el agua. También el camping municipal, que queda en la parte norte entre eucaliptos y es una opción muy barata para viajeros jóvenes, algo raro en las Cícladas.

Los minimarkets, el cajero y las agencias de alquiler de coche están en la calle principal, a menos de cien metros de la arena.

Con niños

Es, junto con Vathi, la mejor opción familiar de la isla. El agua tarda mucho en cubrir, no hay rocas ni corrientes, y tienes baños, duchas y comida a treinta metros. La diferencia con Vathi es que Kamares tiene más ambiente y más servicios, y Vathi más calma.

Lo que hay que saber

Kamares es también el pueblo de la cerámica. En la calle que sale hacia Apollonia hay varios talleres de alfarería en activo donde se puede ver trabajar a torno. Comprar aquí sale bastante más barato que en las tiendas de Apollonia y el cacharro viene directo del que lo hizo.

Un apunte honesto: Kamares no es la playa más bonita de Sifnos en términos de paisaje. No tiene monasterio al borde del agua ni acantilados. Lo que tiene es una relación calidad, comodidad y fiabilidad que ninguna otra iguala.

Y un consejo práctico que vale oro el día de la salida: si tu ferry sale por la tarde, haz el check out por la mañana, deja las maletas en recepción o en la agencia del puerto, que casi todas las guardan gratis, y pásate el día aquí. Es la mejor manera de despedirse de la isla.