Apokofto es la playa que está justo al lado del monasterio de Chrysopigi, y eso condiciona toda la experiencia. Te metes en el agua mirando un promontorio blanco partido por una grieta, con el mar entrando y saliendo por debajo del puentecito de piedra. No hay muchas playas griegas con una vista así desde el agua.
La cala en sí es modesta: ciento cincuenta metros de arena mezclada con guijarros, protegida por rocas a ambos lados. Pero tiene dos cosas que en Sifnos escasean.
Sombra de verdad
La primera es la sombra. Apokofto tiene una hilera de tamariscos viejos que llegan casi hasta la orilla y proyectan sombra densa buena parte del día. Puedes plantar la toalla debajo y pasar el día sin alquilar nada y sin cocerte.
Esto, que parece un detalle menor, cambia por completo un día de agosto. En Platys Gialos sin sombrilla de pago no hay forma de estar entre las doce y las cinco. Aquí sí.
El fondo, y una advertencia
La segunda es el agua, que aquí es especialmente clara porque el fondo alterna arena y roca. Es una playa buena para snorkel: pegado a las rocas del lado del monasterio hay peces y el agua tiene visibilidad excelente.
Ahora la advertencia, porque es importante. Apokofto mira al sureste y está bastante abierta. Cuando sopla viento del sur entra oleaje directo y aparecen corrientes junto a las rocas del promontorio. En esos días no es playa para niños pequeños ni para nadadores dudosos, y conviene cruzar a la otra vertiente de la isla, a Kamares o Vathi, que están en calma.
Con tiempo normal, que es lo habitual, el baño aquí es completamente tranquilo.
Comer con vistas
Hay dos tabernas en la playa, una de ellas con mucha fama en la isla por el pescado y por los platos sifnios de horno de barro. Tienen las mesas bajo los tamariscos, a pocos metros del agua. Precio en torno a 25 a 35 euros por persona.
En julio y agosto se llenan al mediodía. Si quieres comer aquí sin esperar, o vas a la una o vas a las tres y media.
Encadenarlo con el paseo a Faros
Este es el plan que recomendamos y que hicimos nosotros. Llegas a media tarde, subes primero al monasterio, que en veinte minutos lo has visto, bajas a bañarte a Apokofto, y a eso de las siete coges el sendero costero que sale del extremo oeste de la cala.
Son quince minutos llanos, con el mar a un lado, hasta Faros, donde puedes cenar en una taberna sobre la arena y volver con linterna o en autobús. Es el mejor final de día de la isla y no requiere estar en forma.
Práctica
Hay aparcamiento junto a la playa, pequeño, que en agosto se satura a partir de las once. El autobús desde Apollonia hacia Faros para cerca del desvío.
No hay cajero, ni duchas, ni socorrista. Lleva efectivo y agua. Y calzado que pueda mojarse, porque la entrada al agua tiene algún guijarro incómodo en la zona central.