Faros es un pueblo pequeño de casas bajas alrededor de una cala, con barcas de pesca varadas en la arena y tres o cuatro tabernas. No tiene monumentos, no tiene vida nocturna y no sale en ninguna lista de imprescindibles. Es, precisamente por eso, uno de los sitios donde mejor se está en Sifnos.

Hasta los años cincuenta este era el puerto por el que salía el mineral y por el que entraba casi todo lo que llegaba a la isla desde el sur. Cuando Kamares se consolidó como puerto único, Faros se quedó como lo que era antes: un pueblo de pescadores.

Tres playas en cien metros

Lo que hace especial a Faros es que tiene tres calas seguidas, unidas por senderos cortos, y cada una funciona distinto.

La primera, Fassolou, queda al este pasando una pequeña colina. Es la más grande de las tres, de arena, con tamariscos que dan sombra natural y una capilla al borde. Suele estar tranquila incluso en agosto porque hay que andar cinco minutos para llegar.

La segunda es la playa del propio pueblo, pequeña, protegida, con agua muy calmada y poca profundidad. Es la mejor para niños pequeños de toda esta parte de la isla: la bahía está casi cerrada y no hay corriente.

La tercera, Glyfo, queda al oeste y es la más cómoda, con arena, tumbonas y tabernas a pie de agua. Tiene menos sombra natural que Fassolou.

El paseo a Chrysopigi

Del extremo oeste de Faros arranca un sendero costero que lleva en quince minutos al monasterio de Chrysopigi y a la playa de Apokofto. Es un camino llano, de tierra compacta, apto para cualquiera con calzado normal, que va bordeando el mar con vistas continuas.

Lo hicimos al atardecer y es, sin discusión, el mejor paseo corto de Sifnos. Sales de Faros a las siete, llegas al monasterio con la luz dorada, te bañas en Apokofto y vuelves cuando empieza a refrescar.

Comer y dormir

Las tabernas de Faros son de pescado y de precio razonable para lo que es la isla, en torno a 25 o 30 euros por persona con vino. Están justo sobre la arena, lo cual en una noche sin viento es difícil de mejorar.

Sobre el alojamiento, Faros es una buena idea con una condición: necesitas coche o aceptar depender del autobús. Hay varias líneas diarias desde Apollonia y el trayecto son unos quince minutos, pero el último autobús de la noche pasa pronto y en septiembre la frecuencia baja.

Lo que ganas a cambio es silencio real, mar a cincuenta metros de la cama y precios algo por debajo de Platys Gialos o Kamares.

Práctica y expectativas

Aquí no hay cajero ni farmacia ni supermercado grande. Hay un par de minimarkets que cubren lo básico. Todo lo demás está en Apollonia, a un cuarto de hora.

Si viajas para ver cosas y moverte mucho, Faros se te va a quedar corto como base y tiene más sentido como excursión de tarde. Si viajas para no hacer nada, es probablemente el mejor sitio de la isla para instalarse, junto con la vecina Vathi.

Una última cosa que nos gustó: en Faros el pueblo no cierra del todo fuera de temporada. Hay gente viviendo aquí todo el año, lo que se nota en el ambiente y en que las tabernas no tienen la carta traducida a cinco idiomas.