Kastro no se parece a ningún otro pueblo de las Cícladas, y eso que las Cícladas están llenas de pueblos blancos encaramados a sitios imposibles. La diferencia aquí es que Kastro no fue construido como pueblo con una muralla añadida después. Kastro es la muralla: las casas exteriores se pegan unas a otras formando un anillo continuo sin ventanas hacia fuera, y la única forma de entrar es por tres portones estrechos.
Llegamos a media tarde, cuando el sol ya cae oblicuo y las piedras sueltan el calor del día. El coche se queda obligatoriamente en el aparcamiento de la entrada, porque dentro no caben vehículos. Eso, que parece una molestia, es lo mejor que le ha pasado al pueblo.
Tres mil años sin moverse de sitio
Kastro fue la capital de Sifnos desde la Antigüedad hasta 1836. No es una exageración de folleto: hay ocupación documentada desde época prehistórica, y los venecianos de la familia Da Corogna la fortificaron en el siglo XIV sobre trazado antiguo. Cuando los sifnios dicen que Kastro tiene tres mil años, están siendo bastante literales.
Ese solapamiento de capas se ve en los detalles. Paseando por los callejones aparecen fragmentos de columnas clásicas empotrados en los muros, escudos venecianos sobre puertas de casas normales, y sarcófagos romanos de mármol reutilizados durante siglos como abrevaderos o maceteros. Nadie los ha puesto ahí para la foto, llevan siglos en el mismo sitio porque a nadie se le ocurrió tirarlos.
Los loggia, la parte que nadie te cuenta
Lo que más nos llamó la atención fueron los pasadizos cubiertos. En Kastro las casas se apoyan unas en otras mediante arcos de piedra que cruzan por encima de los callejones, formando túneles de veinte o treinta metros donde la temperatura baja de golpe varios grados. Los locales los llaman loggia.
No son decorativos, son estructurales. Cuando una casa necesitaba ampliarse y no había suelo disponible, se construía sobre el callejón apoyándose en la casa de enfrente. Siglos de esa lógica producen el laberinto que es Kastro hoy.
Los Siete Mártires
Desde el borde este del pueblo baja un sendero corto de piedra hasta una lengua de roca que entra en el mar, y en la punta hay una capilla diminuta encalada: Eptá Mártires, los Siete Mártires. Es la imagen más reproducida de Sifnos y, esta vez, la foto no engaña.
El camino baja en unos cinco minutos, con escalones irregulares y sin barandilla en algunos tramos. Si llevas calzado de playa o tienes problemas de rodilla, ve con calma. Abajo hay rocas planas desde las que la gente se tira al agua: no es una playa, no hay arena ni servicios, y el fondo se hace profundo enseguida.
El museo y la práctica
Kastro tiene un pequeño Museo Arqueológico en la parte alta del pueblo. Es modesto, apenas unas salas, entrada barata, y merece los veinte minutos que cuesta verlo si te interesa entender de dónde salen las columnas empotradas en las paredes. Lo tienes con horarios y detalle en la ficha del Museo Arqueológico de Kastro.
Un par de cosas prácticas. La primera: no hay supermercado ni cajero dentro de Kastro, así que sube con efectivo. La segunda: las tabernas del borde, con mesas sobre el precipicio, se llenan al atardecer en julio y agosto. Si quieres mesa con vistas, reserva o preséntate a las siete y media.
La tercera, la importante: el pueblo cambia por completo según la hora. A mediodía está lleno de gente que viene dos horas en autobús. A partir de las seis de la tarde se vacía, la luz se pone dorada sobre las piedras y Kastro vuelve a ser lo que es, un pueblo habitado donde vive gente. Si solo puedes ir una vez, ve a última hora.
Llegar andando, que es como se debe
Kastro está a tres kilómetros de Apollonia y hay autobús frecuente, pero el sendero señalizado desde Artemonas es una de las mejores caminatas de la isla. Son unos cuarenta y cinco minutos cuesta abajo por calzada de piedra, pasando por la iglesia de Panagia Poulati colgada sobre una cala de agua esmeralda.
La combinación que recomendamos: autobús hasta Artemonas, bajar andando a Kastro, cenar arriba viendo el mar y volver en el último autobús a Apollonia. Si quieres encadenarlo con playa, la bajada hacia Faros desde la zona de Chrysopigi es otro tramo señalizado que se hace en una mañana.
Sifnos tiene pueblos más cómodos y playas más espectaculares. Kastro tiene algo distinto: la sensación de estar caminando dentro de un organismo que lleva tres milenios funcionando sin interrupción. Es la parada que más nos costó abandonar de toda la isla.