Artemonas está a diez minutos andando de Apollonia y parece otra isla. Donde Apollonia es bulliciosa y estrecha, Artemonas es ancha, ordenada y silenciosa. Hay jardines con buganvillas colgando de muros altos, mansiones de dos plantas con frontones neoclásicos y patios con limoneros que se adivinan por encima de las tapias.
La explicación es histórica. En los siglos XVIII y XIX, cuando los armadores y comerciantes sifnios se hicieron ricos con el comercio marítimo, muchos construyeron aquí sus casas de verano. El resultado es un pueblo cicládico con una capa de arquitectura burguesa encima, algo bastante raro en las Cícladas occidentales.
Lo que hay que ver, que no es mucho pero es bueno
Artemonas se recorre en una hora larga y no tiene monumentos de visita obligada. Lo que tiene es un ambiente que se disfruta caminando sin plan.
La plaza central, con la iglesia de Kochi y sus cipreses, es el centro social del pueblo: bancos a la sombra, un par de cafés y abuelas con silla propia. Desde allí salen callejuelas hacia arriba que llevan a los molinos de viento restaurados, desde donde se ve media isla y la silueta de Paros al fondo.
Las panaderías de Artemonas tienen fama justificada. Los amygdalota y la melopita, la tarta de queso fresco con miel, salen del horno a media mañana. Compra temprano, porque no llegan a la tarde.
El sendero a Kastro, la mejor hora de Sifnos
Si haces una sola caminata en la isla, que sea esta. Del borde este de Artemonas arranca un sendero señalizado que baja hacia el mar por calzada de piedra antigua. A los quince minutos aparece la iglesia de Panagia Poulati, encalada, sola, apoyada sobre un acantilado con una cala de agua verde justo debajo.
Hay una escalera lateral que baja al agua. No es playa, son rocas, pero el baño ahí es de los que se recuerdan. No hay sombra ni servicios, así que lleva agua.
Desde Poulati el sendero continúa medio kilómetro largo hasta Kastro. En total, unos cuarenta y cinco minutos a paso tranquilo, casi todo cuesta abajo y con el Egeo a la derecha durante el trayecto entero. El desnivel es suave pero el suelo es piedra irregular: calzado cerrado, no chanclas.
Sobre el horario, un consejo que marca la diferencia. Hazlo a partir de las cinco de la tarde. A mediodía en julio no hay sombra en todo el recorrido y el sol pega de frente.
Dónde encaja Artemonas en el viaje
Dormir en Artemonas es la decisión acertada si viajas en pareja y buscas silencio. Estás a diez minutos andando de todos los restaurantes de Apollonia, con la misma red de autobuses, pero por la noche no oyes nada más que grillos. Los precios son parecidos, quizá un poco más altos, y hay bastantes casas tradicionales rehabilitadas como alojamiento.
La contrapartida es menor de lo que parece: no hay supermercado grande ni cajero, pero ambos están a esos mismos diez minutos cuesta abajo.
Nuestra recomendación práctica para la isla: base en Artemonas o Apollonia tres noches, con el sendero a Kastro la primera tarde para hacerse a la geografía, y luego bajar a la costa. Si quieres seguir caminando, desde aquí también arranca la subida al monasterio de Profitis Ilias, que es otra liga en cuanto a esfuerzo pero la vista desde arriba compensa.
Artemonas no aparece en casi ninguna lista de imprescindibles de Sifnos. Es exactamente la clase de sitio que mejora el viaje sin que sepas explicar del todo por qué.