Llegamos a Palamari a media mañana, después de conducir por la carretera del aeropuerto y un tramo corto de pista. No había nadie. Ni un coche, ni una taquilla, ni otro visitante. Solo el viento, el ruido del mar golpeando las rocas y, delante de nosotros, un laberinto de muros de piedra que llevan allí más de cuatro mil años. Paseamos casi una hora entre calles y habitaciones de la Edad del Bronce sin cruzarnos con nadie. En Grecia eso ya casi no pasa.

Qué fue Palamari

Palamari fue uno de los asentamientos más importantes del Egeo durante la Edad del Bronce Antiguo y Medio, aproximadamente entre el 2500 y el 1800 antes de Cristo. Era un puerto amurallado construido sobre un pequeño cabo de la costa noreste de Skiros, con una posición estratégica en las rutas marítimas que unían las Cícladas, el continente griego y el norte del Egeo.

Las excavaciones, iniciadas en los años ochenta y noventa, sacaron a la luz una muralla con torres semicirculares, calles, casas, almacenes y espacios comunitarios. Es una pequeña ciudad prehistórica perfectamente legible, algo muy raro de ver en un entorno tan natural. Gran parte del asentamiento original se perdió en el mar por la erosión de la costa, lo que da una idea de cuánto ha cambiado este paisaje.

Muchos de los objetos encontrados aquí, cerámica, herramientas y adornos, se exponen en el Museo Arqueológico de la Chora, así que conviene combinar las dos visitas.

La visita

El yacimiento está protegido por una cubierta en su parte principal y tiene pasarelas y paneles explicativos en griego e inglés. Junto a las ruinas hay una pequeña sala de exposición con fotografías de las excavaciones y maquetas que ayudan a imaginar cómo era el puerto. Esa sala suele abrir por las mañanas, de lunes a sábado, pero los horarios cambian; el recinto exterior se puede recorrer casi siempre.

No esperes grandes templos ni columnas. Palamari es un yacimiento de muros bajos, y su magia está en el conjunto: la sensación de caminar por calles de hace cuatro milenios con el mar rompiendo a pocos metros. Para quien disfruta de la arqueología, es una joya. Para quien no, sigue mereciendo la pena por el paisaje y la soledad.

Consejos prácticos

  • Cómo llegar: está a unos 13 kilómetros al noroeste de la Chora. Sigue la carretera del aeropuerto y busca los carteles. Los últimos metros son de pista, aptos para cualquier coche con cuidado. No llega el autobús.
  • Precio: la entrada es gratuita.
  • Tiempo: entre 45 minutos y una hora.
  • Sombra: muy poca fuera de la cubierta. Lleva sombrero, agua y protección solar. En verano ven a primera hora.
  • Calzado: terreno irregular. Mejor zapatillas que sandalias.
  • Niños: a los mayorcitos les suele encantar lo de "una ciudad de hace cuatro mil años". Vigila los bordes, porque el cabo cae al mar.

Cómo combinarlo

Palamari encaja perfectamente en un día por el norte de la isla. Justo al lado está la playa de Palamari, y siguiendo la costa hacia el oeste llegas a Agios Petros, una de las calas más bonitas de Skiros, con una taberna entre pinos donde comer. Si has llegado en avión o vas a salir en él, el yacimiento queda a pocos minutos del aeropuerto: una buena forma de aprovechar las últimas horas.

Si te fascinan estos asentamientos prehistóricos del Egeo, tienes otro gran ejemplo en la isla de Limnos, donde Poliochni pasa por ser una de las ciudades más antiguas de Europa.