La primera vez que vimos la Chora de Skiros fue desde la carretera que sube de Linaria. Una curva, y de repente ahí estaba: una roca enorme, casi vertical por el lado del mar, con las casas blancas pegadas a su ladera como si alguien las hubiera ido apilando durante siglos. Arriba del todo, las murallas del castillo y el campanario del monasterio. Tardamos un buen rato en arrancar de nuevo el coche.

La Chora es la capital de la isla y, en muchos sentidos, la isla entera. Aquí vive la mayoría de sus habitantes, aquí están las tiendas, las tabernas, los bares, los museos y la vida social. Y a diferencia de otras capitales isleñas, no es un decorado para turistas. Es un pueblo de verdad donde, a las ocho de la tarde, las vecinas sacan sillas a la puerta.

Un pueblo cicládico en las Espóradas

Lo primero que sorprende es la arquitectura. Las casas de Skiros son cubos blancos de techo plano, muy distintas de las casas de tejado a dos aguas de Skopelos o Skiathos. Se parecen más a las de las Cícladas o del Dodecaneso, y los expertos lo atribuyen a siglos de influencia y comercio con esas islas.

Pero lo verdaderamente único está dentro. Si paseas al atardecer, verás muchas puertas abiertas, y detrás, el "salón skyriano": una sola estancia principal con las paredes cubiertas de platos de cerámica pintada, jarras de cobre, bordados y muebles de madera tallada con motivos geométricos y florales. Muchos de esos platos llegaron a la isla hace siglos, comprados a marineros o saqueados de barcos por los piratas que tuvieron aquí una de sus bases. Hoy las familias los conservan con orgullo.

Por respeto, no entres ni hagas fotos del interior sin permiso. Si quieres ver un salón completo con calma, el Museo Faltaits tiene uno reconstruido.

Qué ver en la Chora

La columna vertebral del pueblo es la calle Agoras, que entra desde la plaza principal y sube serpenteando hacia la parte alta. Está llena de tiendas de artesanía de calidad: cerámica skyriana, tallas de madera, bordados y sandalias de cuero tradicionales. Nos gustó que aquí casi no hay souvenirs de plástico.

Siguiendo la cuesta llegas a lo más alto, el Kastro y el monasterio de Agios Georgios, desde donde se ve media isla y, en días claros, las otras Espóradas. Es una subida corta pero empinada; hazla a primera hora o al atardecer.

En el extremo norte del pueblo está la plaza de Rupert Brooke, también llamada plaza de la Poesía Inmortal, con la estatua de bronce de un joven desnudo que homenajea al poeta inglés muerto frente a la isla en 1915. La estatua escandalizó a más de un vecino cuando se inauguró en los años treinta. Junto a ella están el Museo Faltaits y el Museo Arqueológico. Desde la plaza, una larga escalera baja hasta la playa de Magazia.

Fíjate también en los detalles: los pequeños cántaros incrustados en chimeneas y tejados, las decenas de capillas escondidas en las esquinas y los restos de murallas antiguas que asoman entre las casas.

Consejos prácticos

  • Aparcar: el centro es peatonal y muy estrecho. Deja el coche en los aparcamientos de la entrada del pueblo, junto a la parada del autobús. En agosto, por la noche, cuesta encontrar sitio.
  • Calzado: las calles son empedradas y tienen escalones. Zapatillas cómodas, nada de chanclas lisas.
  • Horarios: como en toda Grecia, el pueblo se vacía a mediodía. Las tiendas abren por la mañana y de nuevo desde las seis o siete de la tarde. La mejor hora para pasear es entre las siete y las diez de la noche.
  • Familias: es un pueblo seguro y tranquilo, pero con escaleras constantes. Un carrito de bebé es poco práctico; mejor mochila portabebés.

Dónde comer y tomar algo

La Chora tiene algunas de las mejores tabernas de la isla, con cocina casera y producto local: cabra, cordero, quesos, verduras del huerto y pescado. En la parte alta de Agoras se concentran los bares, casi todos tranquilos, con música suave y terrazas desde las que ver pasar a la gente. Aquí la noche es para charlar, no para bailar.

Dormir en la Chora

Si buscas encanto, alojarte en la Chora es la mejor opción de la isla. Hay pocas plazas de hotel dentro del casco, pero bastantes casas tradicionales en alquiler y algunos hoteles muy cuidados en los bordes del pueblo. La contrapartida es que la playa queda abajo: quince minutos bajando y bastantes más subiendo.

Si quieres entender Skiros, empieza aquí. Luego baja a la playa de Molos o sal a descubrir el resto de la isla de Skiros. Pero vuelve cada noche a cenar a la Chora: es cuando de verdad cobra vida.