Hay lugares que se entienden mejor en silencio, y Mikro Horio es uno de ellos. Subimos caminando desde Livadia a media tarde, cuando el sol ya no apretaba tanto, y en tres cuartos de hora nos encontramos en una ladera cubierta de casas de piedra sin tejado, con higueras saliendo por las ventanas y cabras asomadas a lo que un día fueron cocinas. El único sonido era el de los cencerros.
Un pueblo que se vació
A pesar de su nombre, "pueblo pequeño", Mikro Horio fue durante siglos uno de los núcleos más poblados de Tilos. Se construyó en el interior, a resguardo de los piratas y bajo la protección de un castillo de los Caballeros de San Juan cuyas ruinas todavía coronan la colina. Según cuentan en la isla, llegaron a vivir aquí cerca de 1.500 personas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la vida cambió. Los piratas eran historia, el puerto de Livadia ofrecía trabajo y comercio, y muchas familias emigraron a Atenas, Estados Unidos o Australia. El pueblo se fue vaciando poco a poco y en los años sesenta ya no quedaba nadie. Los vecinos se llevaron las vigas de madera para construir sus nuevas casas abajo, y por eso hoy casi ninguna conserva el tejado.
Qué ver entre las ruinas
Pasear por Mikro Horio es como recorrer un pueblo detenido en el tiempo. Todavía se distinguen las calles empedradas, los hornos, los aljibes y los umbrales de las puertas. Algunas casas tienen el nombre del propietario pintado, porque las familias siguen siendo dueñas de sus ruinas.
La gran excepción es la iglesia de la Koimisis tis Theotokou (la Dormición de la Virgen), encalada y perfectamente cuidada, con frescos en su interior. Suele estar cerrada salvo en fiestas, pero el exterior ya merece la parada. Más arriba quedan los restos del castillo, desde donde se domina el valle hasta el mar de Livadia.
Precaución: muchas paredes están en mal estado. No entres en las casas ni te subas a los muros, y vigila a los niños, porque hay aljibes abiertos.
La noche en Mikro Horio
Lo más sorprendente llega de noche. En verano, una de las casas restauradas funciona como bar musical que abre tarde, sobre las once, alimentado por su propia instalación eléctrica. Es prácticamente el único sitio de Tilos donde se puede bailar hasta la madrugada, y lo mejor es que no hay vecinos a los que molestar. Un pequeño autobús nocturno sube y baja desde Livadia, lo que evita conducir de vuelta por una carretera de curvas sin iluminar. Confirma horarios en tu alojamiento, porque cambian cada temporada.
El panigiri del 15 de agosto
Una vez al año el pueblo vuelve a llenarse de gente. El 15 de agosto, día de la Asunción, se celebra la fiesta de la Panagia en la iglesia, con misa, comida compartida, música tradicional y baile entre las ruinas iluminadas. Es una de las experiencias más emocionantes que se pueden vivir en Tilos y atrae a descendientes de familias emigradas de todo el mundo. Si vas en esas fechas, reserva alojamiento con meses de antelación. El 31 de agosto hay otra fiesta menor en el pueblo.
Cómo llegar
Mikro Horio está a unos 3 kilómetros de Livadia por una carretera asfaltada que sale del extremo oeste del puerto. En coche o moto son cinco minutos. A pie hay un sendero antiguo, señalizado, que sube en unos 45 minutos. Se puede incluir en una ruta circular más larga que baja después a las playas de Lethra y Kokkini y vuelve a Livadia, unos 8,4 kilómetros y cuatro horas en total. La detallamos en nuestra actividad de senderismo por Tilos.
¿Merece la pena?
Sí, sin dudarlo. Es uno de esos sitios que te recuerdan lo dura que fue la vida en las islas griegas y lo rápido que ha cambiado todo. Ve al atardecer, cuando la luz baja dorada entre las piedras y el ambiente se vuelve casi irreal, y si te quedas con ganas de más pueblos abandonados, la vecina Halki tiene su propio Horio vacío bajo el castillo.