Habíamos visto fotos de Volax antes del viaje y pensábamos que exageraban con el gran angular. No exageraban. Al tomar la última curva de la carretera desde Krokos, el paisaje cambia de golpe: la ladera se llena de rocas redondas del tamaño de coches, de casas, algunas de un edificio de dos plantas, esparcidas por el valle como si alguien hubiera vaciado un saco de canicas gigantes. En medio, unas pocas casas blancas y una iglesia. Eso es Volax.
Un paisaje que parece de otro planeta
Los geólogos explican que estas rocas son granito erosionado durante millones de años por el viento y el agua, que ha ido redondeando los bloques hasta dejarlos así. Los vecinos tienen otras versiones: hay quien habla de una lluvia de meteoritos y quien dice que fueron los titanes jugando. Sea como sea, el resultado es uno de los paisajes más extraños de toda Grecia.
Lo mejor es pasear sin rumbo. Las casas están literalmente encajadas entre las rocas, y algunas las usan como pared o como patio. Hay senderos cortos que salen del pueblo y suben entre los bloques; en diez minutos te encuentras solo, con el silencio roto únicamente por el viento y los cencerros de las cabras.
Qué ver en el pueblo
- El teatro de piedra: un pequeño anfiteatro construido entre las rocas a la entrada del pueblo, donde en verano se organizan conciertos y representaciones. Si coincides con alguno, no te lo pierdas.
- Los cesteros: Volax fue famosa por sus cestas de mimbre y caña, hechas a mano por los hombres del pueblo. Quedan muy pocos artesanos, pero todavía se ven cestas a la venta en alguna casa o en las tiendas de la isla.
- El pequeño museo folclórico y un horno tradicional restaurado, con horarios muy irregulares. Si los encuentras abiertos, son una visita de diez minutos.
- La iglesia de la Panagia, de rito católico, porque Volax es uno de los pueblos de tradición católica de Tinos.
Comer en Volax
La taberna del pueblo es una de esas paradas que justifican la excursión. Pedimos alcachofas silvestres con limón, queso local y una tortilla con hierbas del monte, todo sencillo y muy bueno, a unos 20 € por persona con vino. Al atardecer, la luz sobre las rocas se vuelve dorada y la terraza se llena de gente de la isla. Es el mejor momento para estar aquí.
Cómo llegar
Volax está a unos 6 km al norte de la ciudad de Tinos en línea recta, pero por carretera son unos 15-20 minutos de curvas pasando por Krokos y su enorme iglesia católica. Hay un pequeño aparcamiento a la entrada; el pueblo se recorre a pie. No hay autobús regular práctico, así que necesitarás coche, moto o una excursión organizada como el tour cultural en furgoneta, que suele incluirlo.
Consejos prácticos
- Calzado: si vas a trepar por las rocas, zapatillas con buena suela. El granito es áspero pero en algunas zonas está pulido y resbala.
- Sombra: casi no hay árboles. En julio y agosto ven por la mañana temprano o al atardecer.
- Respeto: es un pueblo habitado por muy poca gente. No te metas en patios ni subas a rocas que estén dentro de propiedades.
- Tiempo: una hora para pasear, dos si comes en la taberna.
Combínalo con
Volax queda muy cerca del Exomvourgo, la roca donde estuvo la fortaleza veneciana, y de la aldea de Loutra con su antiguo convento de las Ursulinas. En una mañana puedes hacer los tres. Por la tarde, baja a la playa de Livada, en la costa noreste, una de las más salvajes de la isla.
Para nosotros Volax fue el momento en que dejamos de ver Tinos como "la isla de la iglesia" y empezamos a verla como una isla llena de sorpresas. Si solo tienes un día en la isla, haz hueco para este lugar.