Subir a la Chora vieja de Alonissos es subir al alma de la isla. La carretera asciende 4 kilómetros desde Patitiri por una pendiente suave entre olivos y, cuando crees que no llegas, aparece un pueblo encaramado a un risco con vistas a tres mares. La primera impresión es la de un decorado teatral demasiado bonito para ser real: casas blancas con contraventanas de colores, buganvillas trepando, y al fondo el azul del estrecho de Skópelos.
La historia que casi la borra
En 1965 un terremoto devastó las casas. El gobierno griego, en lugar de reconstruir, decidió evacuar a los habitantes a Patitiri y declarar la Chora oficialmente abandonada. Durante años, el pueblo quedó como un esqueleto sobre el monte. A principios de los 70 empezó a ocurrir algo curioso: artistas y viajeros del norte de Europa, sobre todo holandeses, alemanes y suizos, llegaron, vieron las ruinas y decidieron comprarlas a precio de saldo. Las restauraron una a una respetando la piedra original.
Hoy la Chora es un mosaico social peculiar. Algunos locales mayores volvieron, los hijos de los expatriados ya son adultos y mantienen las casas, y abren cada verano talleres de cerámica, pequeñas galerías y tavernas familiares. La sensación es la de un pueblo vivo a medias, sostenido por un cariño tozudo a la piedra.
Qué hacer arriba
La Chora se recorre en una hora caminando despacio. La plaza principal es la Plateia Hristou, con cuatro cafés con sillas mirando al horizonte. Desde ahí parten callejuelas estrechas que suben hasta el mirador del castillo (Kastro), una explanada con los restos de las murallas medievales y la mejor vista de la isla. Al amanecer se ven Skópelos, Skiathos y, en días claros, hasta la silueta del monte Olimpo en el continente.
Recomendamos cenar arriba. Astrofegia y Hayati son dos tavernas con terraza colgante donde el atardecer se convierte en espectáculo. El pescado del día y la ensalada con queso local son la apuesta segura. Los precios son razonables, especialmente comparados con la Chora de Mykonos o con Skopelos.
El kalderimi: bajar a pie
La conexión más auténtica entre la Chora y Patitiri es el kalderimi, un sendero empedrado de 2 kilómetros que se hace en 30-45 minutos cuesta abajo. Sale de la parte sur del pueblo, baja entre olivos y termina en la pequeña iglesia de Christos en Patitiri. Hacerlo al amanecer o al atardecer es de las experiencias más bonitas que regala la isla. Llevar calzado con suela firme: la piedra está pulida por los siglos y resbala con humedad.
Detalles prácticos
No hay aparcamiento dentro del pueblo. Los coches se dejan en la entrada (parking gratuito) y se accede a pie. La pendiente final es notable, con escalones, así que no es la mejor opción si vas con sillas de ruedas o problemas de movilidad. Para quien no pueda caminar, la mejor alternativa es subir en taxi al café de la plaza y disfrutar las vistas desde ahí mismo.
El autobús de la isla sube cada hora en temporada (junio-septiembre) y el último baja sobre las 23:00. Si vas a cenar arriba, comprueba el horario: perderlo significa pagar taxi o caminar en la oscuridad por la carretera, que no tiene aceras.
Una visita breve, una huella larga
Mucha gente que viene a Alonissos por las playas o el parque marino acaba volviendo a la Chora vieja dos o tres veces durante la estancia. Tiene esa cualidad rara que no requiere explicación: simplemente pides que se haga tarde para no marcharte. Si has caído en el Parque Nacional Marino por la mañana, el plan perfecto es subir aquí al atardecer. Una jornada redonda en la isla más serena de las Espóradas.