Hay pocos sitios en Grecia donde puedas dejar la toalla sobre la arena y tener a diez metros los arcos de un almacén militar del siglo XIX medio hundidos en el agua. La Bahía Rusa de Poros es uno de ellos, y es una de esas rarezas que hacen que la isla se recuerde.

Está en la costa oeste de Kalavria, a unos cinco kilómetros de la ciudad de Poros, pasada la zona de Neorio. Se conoce con dos nombres: Bahía Rusa (Rossiko Naystathmo) o bahía de Aposkiari.

Qué hacían aquí los rusos

La respuesta corta: la Rusia imperial apoyó a los griegos en la guerra de independencia contra el Imperio otomano, y necesitaba una base logística en el Egeo. En 1834, ya con Grecia independiente, la armada zarista construyó en esta ensenada protegida un conjunto de almacenes, hornos de pan, un hospital y talleres para abastecer a su flota.

La bahía era el sitio ideal: aguas tranquilas, entrada resguardada, madera de pino a mano y un canal defendible a pocos kilómetros. Durante décadas fue una pieza de la geopolítica del Mediterráneo oriental instalada en una isla de cuatro mil habitantes.

Con el tiempo la base perdió sentido, la flota rusa se retiró y las estructuras quedaron abandonadas. Nunca se restauraron ni se convirtieron en museo. Simplemente siguen ahí, deteriorándose despacio, con el mar entrando y saliendo por los arcos.

Qué se ve hoy

Muros de mampostería, arcadas de medio punto en distintos grados de derrumbe y algún hueco de ventana. Parte de la estructura está al borde del agua y parte ya dentro. Con el mar en calma se ve el fondo a través de los arcos, y bucear un poco alrededor es una experiencia curiosa.

No hay vallas, ni entrada, ni carteles explicativos más allá de alguno improvisado. Puedes acercarte, meterte, fotografiar, aunque conviene el sentido común: son ruinas sin consolidar y hay piedra suelta y hierros oxidados. No es sitio para que los niños trepen.

Al lado de las ruinas hay una playa de arena con bastante espacio, tumbonas de alquiler en temporada y un pequeño bar cafetería que abre en verano. Menos concurrida que otras de la isla porque queda más lejos del puerto.

Cómo llegar

En taxi acuático desde el puerto de Poros es la forma más bonita y cuesta unos pocos euros por trayecto. Se negocia en el muelle y no hay horarios fijos.

En scooter, bici o coche son unos quince minutos por la carretera costera del oeste, pasando por Neorio. Hay aparcamiento amplio junto a la playa, cosa poco frecuente en la isla.

El autobús de la línea oeste llega hasta Neorio, y desde ahí quedan unos veinte minutos andando por la carretera, sin acera pero con poco tráfico.

Y hay una opción que nos parece la mejor de todas: dejar el vehículo aquí y caminar diez minutos hasta Love Bay, que está justo al lado y es la cala más fotografiada de Poros. Las dos en una mañana es un plan redondo.

Cuándo ir y qué llevar

Por la mañana temprano si quieres las ruinas para ti solo y la luz de lado, que es cuando mejor fotografían. A media tarde se llena de gente que viene a bañarse.

Lleva escarpines: la entrada al agua alterna arena con zonas de piedra y restos sumergidos, y hay algún hierro viejo por ahí abajo. También agua y algo de comer si vas fuera de temporada, porque el bar solo abre en verano y no hay nada más en varios kilómetros.

La sombra es limitada. Hay pinos en la parte trasera de la playa, pero la franja buena se ocupa pronto en agosto.

Y una recomendación de fondo: esta bahía es el mejor sitio de Poros para entender que la isla no es solo un destino de fin de semana ateniense. Aquí hubo una base naval imperial, enfrente hubo un santuario panhelénico, y en medio sigue habiendo una isla de cuatro mil personas que se lo toma todo con mucha calma.