El monasterio de Zoodohos Pigi es probablemente lo más bonito de Poros, y lo curioso es que casi nadie viene por él. Viene por la playa que hay justo debajo, ve el edificio blanco entre los árboles y sube por curiosidad. Sale con la sensación de haber encontrado algo.

Está a unos cuatro kilómetros al este de la ciudad, en la ladera sur de Kalavria, metido en un pliegue de vegetación tan cerrado que hasta el último momento no lo ves. Pinos arriba, limoneros y cipreses alrededor, y el mar abajo enmarcado por las ramas.

Un monasterio de 1720 con una fuente milagrosa

Zoodohos Pigi significa "fuente de vida" o "fuente que da la vida", y el nombre no es decorativo. La tradición cuenta que el monasterio se fundó en 1720 en torno a un manantial al que se atribuían propiedades curativas. Un tal Yakoumos, gobernador de la zona, se habría curado bebiendo de aquella agua y financió la construcción del complejo en agradecimiento. Se dice también que aquí se instaló una de las primeras escuelas griegas de la región en tiempos otomanos.

El manantial sigue ahí, y el agua sigue corriendo.

El iconostasio, que es lo que hay que ver

Dentro de la iglesia principal está la joya del conjunto: un iconostasio de madera tallada y dorada, de estilo barroco veneciano, traído según cuentan desde Asia Menor. Es una pieza de una densidad decorativa que descoloca en un edificio tan sobrio por fuera.

Alrededor hay iconos antiguos, lámparas de plata colgando y frescos oscurecidos por siglos de humo de vela. El interior es pequeño, en penumbra y fresquísimo comparado con el calor de fuera, lo que multiplica el efecto.

También hay tumbas de personajes de la guerra de independencia griega en el recinto, y una pequeña sala con objetos litúrgicos.

Cómo llegar y el código de vestimenta

Llegar es fácil. El autobús que sale de la plaza Iroon en la ciudad de Poros cruza a Kalavria y para aquí en unos diez minutos, con salidas cada media hora de mayo a octubre por unos 3 euros. En scooter o bici son diez y veinticinco minutos respectivamente desde el puerto, por la carretera costera del sur, que es llana y agradable.

El código de vestimenta importa y mucha gente se lleva el chasco. Es un monasterio en funcionamiento: hombros cubiertos, nada de pantalón corto por encima de la rodilla, nada de bañador ni de escotes. En la entrada suele haber pareos y faldas de préstamo, pero no cuentes con que siempre estén disponibles en agosto. Si vienes de la playa, lleva una camiseta y un pareo en la mochila.

Y ojo con el horario: cierra a mediodía, aproximadamente de una a cuatro. Es el error clásico del visitante de un día que sube justo a la hora de comer y se encuentra la puerta cerrada. La franja segura es de nueve a una por la mañana.

Lo que hay alrededor

Justo debajo del monasterio, a cinco minutos andando por un camino que baja entre los árboles, está la playa de Monastiri, con guijarros, agua clarísima y bastante sombra natural. Es una de las mejores de la isla y de las menos concurridas, precisamente porque no está en la ruta obvia. La combinación monasterio más baño es lo que hace de esta excursión medio día perfecto.

Al lado del monasterio hay una cafetería pequeña con terraza a la sombra, ideal para un café griego antes o después. No esperes carta amplia, pero la vista compensa.

Y si te quedan piernas, desde aquí sale el sendero que sube al santuario de Poseidón, unos cuarenta y cinco minutos entre pinos y con vistas al canal. Es la caminata más bonita de Poros y la que mejor explica por qué esta isla es verde donde las Cícladas son piedra.

Cuándo venir

Primera hora de la mañana, sin dudarlo. Antes de las once hay menos gente, la luz entra de lado en la iglesia y el calor todavía es soportable en la subida.

En Semana Santa y el Viernes de la Fuente de Vida (el viernes siguiente a la Pascua ortodoxa) el monasterio celebra su fiesta y se llena de familias de la isla. Si coincides, quédate: es una de esas escenas que no salen en los folletos y que valen todo el viaje. Después de la liturgia suele haber reparto de comida y algo de música en el patio.