Conviene decirlo antes de que nadie coja el autobús con expectativas equivocadas: del templo de Poseidón de Poros quedan los cimientos. Unas hiladas de piedra a ras de suelo, el trazado de la planta y poco más. Si buscas columnas en pie como en el templo de Afea de Egina, este no es el sitio.

Dicho eso, es uno de los lugares con más carga histórica del golfo Sarónico, y el trayecto hasta allí entre pinos vale por sí solo.

Qué fue este lugar

En el siglo VI a.C., el santuario de Poseidón en Kalavria era la sede de una anfictionía: una liga religiosa de siete ciudades marítimas que se reunían aquí periódicamente. Entre ellas estaban Atenas, Egina, Epidauro, Hermione, Nauplia, Prasias y la beocia Orcómeno. Un espacio neutral, sagrado, con derecho de asilo garantizado.

Ese último detalle explica el episodio que hizo famoso el lugar. En el 322 a.C., tras la derrota ateniense en la guerra lamiaca, el orador Demóstenes huyó de los hombres de Antípatro de Macedonia y se refugió en este santuario. Los perseguidores lo cercaron. Según cuentan las fuentes antiguas, Demóstenes pidió un momento para escribir una carta, mordió la caña con la que fingía escribir (donde llevaba escondido el veneno) y murió antes de que lo sacaran del recinto. Los poriotas le levantaron después un monumento en el propio santuario.

El templo se excavó entre 1894 y 1895 por una misión sueca, y de ahí salieron las piezas que hoy se guardan en el Museo Arqueológico de Poros. Buena parte del material de construcción, sin embargo, se había reutilizado siglos antes en Hidra y en el propio Poros.

Cómo llegar y cuánto cuesta

El yacimiento está en el interior de Kalavria, a unos seis kilómetros de la ciudad de Poros, en la zona conocida como Palatia. Es gratuito y está abierto, sin vallas ni horarios estrictos ni taquilla.

Hay tres formas de llegar. En scooter o quad es la más cómoda: veinte minutos desde el puerto por carretera asfaltada, con un tramo final estrecho. En bicicleta es factible pero exige piernas, porque hay una subida sostenida de más de cien metros de desnivel. Y a pie desde el monasterio de Zoodohos Pigi es un paseo de unos cuarenta y cinco minutos entre pinos que muchos consideran la mejor caminata de la isla.

El autobús de la línea sur no sube hasta aquí. Te deja en la carretera costera y el resto lo haces andando o en taxi.

Qué te vas a encontrar

Un rectángulo de cimientos sobre una meseta abierta, rodeado de pinos y con el mar visible entre los troncos. Está señalizado con paneles informativos discretos, en griego e inglés, que explican la planta y la historia del sitio.

No hay guías, ni audioguías, ni tienda, ni baños. No hay nadie cobrando. Muchas veces no hay nadie en absoluto, y esa es exactamente la razón por la que merece la pena venir.

El silencio aquí arriba es distinto al de otras ruinas griegas. Sin autobuses, sin cordones, sin el murmullo de veinte grupos con banderines. Solo cigarras, viento entre las agujas de pino y el trazado de un edificio donde se decidieron cosas hace veinticinco siglos.

Consejos prácticos

Ve por la mañana temprano o a última hora de la tarde. La meseta está expuesta y en julio a mediodía el sol pega sin misericordia, sin una sombra donde refugiarse una vez sales del pinar.

Lleva agua. No hay fuente ni nada abierto en varios kilómetros a la redonda.

Calza zapatilla cerrada. El terreno es irregular, con piedras sueltas y agujas de pino que resbalan en las pendientes.

Y reserva tiempo antes o después para el resto de Kalavria. La combinación clásica y la que recomendamos es hacer primero el monasterio de Zoodohos Pigi, subir andando al santuario por el sendero, y bajar luego a darse un baño en Monastiri o en Askeli. Es media jornada redonda, y resume bastante bien lo que Poros hace mejor: historia sin cola, naturaleza sin esfuerzo y mar al final.