Técnicamente el Lemonodasos no está en Poros. Está enfrente, en el Peloponeso, subiendo por la ladera detrás del pueblo de Galatás. Pero llegar cuesta cinco minutos de lanzadera y poco más de un euro, y es el paseo más bonito que se puede hacer desde la isla. Así que sí, cuenta.
Lemonodasos significa literalmente "bosque de limones", y lo que hay es exactamente eso: unas treinta mil limoneras plantadas en terrazas escalonadas sobre la ladera, atravesadas por caminos de piedra, acequias y los restos de varios molinos de agua del siglo XIX.
Por qué huele así
En primavera, cuando florecen, el olor a azahar cruza el canal solo y llega a la ciudad de Poros. No es una exageración de folleto, es una constatación: los días de viento del sur, en abril y mayo, la isla entera huele a limonero.
El resto del año el olor es más discreto, pero al meterte en el bosque sigue estando ahí, mezclado con el de la tierra húmeda de las acequias. Los limoneros de Galatás llevan cultivándose desde tiempos venecianos y todavía hoy son una actividad agrícola real, no una atracción turística montada. Hay gente trabajando entre los árboles.
El paseo, paso a paso
Cruzas en la lanzadera desde el puerto de Poros hasta Galatás, cinco minutos. Desde el embarcadero, la mayoría de la gente coge un taxi o el autobús local hasta el pie del bosque, unos tres kilómetros al este, en dirección a Aliki. También se puede ir andando por la carretera costera en unos cuarenta minutos, aunque no es la parte bonita del recorrido.
El sendero principal sube entre las terrazas siguiendo el curso de un arroyo. Es un camino de piedra irregular, con escalones desiguales, sombreado casi todo el rato. Se tarda entre veinte y treinta minutos en llegar arriba a paso tranquilo.
Al final del recorrido hay una pequeña cascada y una taberna con terraza bajo los árboles, Cardassi, que lleva décadas ahí y sirve limonada casera hecha con la fruta de alrededor. Es el punto final lógico del paseo y el motivo por el que mucha gente sube.
Pain points: lo que conviene saber antes
El camino tiene escalones húmedos y piedra pulida. Con chanclas se resbala de verdad. Zapatilla cerrada o sandalia con suela buena.
No es accesible con silla de ruedas ni cómodo con carrito de bebé. Con niños que ya caminan bien no hay problema, pero hay que ir pendiente.
Los molinos están en ruinas y no se pueden visitar por dentro. Son parte del paisaje, no un monumento visitable.
En agosto a mediodía hace calor incluso a la sombra, y la subida es sostenida. Mejor por la mañana o a partir de las seis de la tarde.
Y ojo con el horario de la taberna: fuera de temporada alta puede estar cerrada entre semana. Si vas en abril o en octubre, lleva agua propia.
Un último aviso serio: por las acequias corre agua de riego, y aunque parece cristalina no es potable. No la bebas ni llenes botellas ahí.
Cuándo ir
Abril y mayo son los meses del azahar y con diferencia los mejores. Septiembre y octubre están bien también, con temperatura amable y los limones ya formados en los árboles.
En pleno agosto el paseo sigue mereciendo la pena porque es de los pocos sitios con sombra continua de la zona, pero la magia olfativa de la primavera no está.
Combinarlo con el resto del día
El plan natural es cruzar por la mañana temprano, hacer el bosque, comer en Galatás (donde por cierto se come más barato que en el puerto de Poros) y volver a la isla a media tarde para bañarse en Askeli o subir a la torre del reloj de la ciudad al atardecer.
Y si vas a alquilar coche en Galatás, este es el momento de aprovecharlo: desde ahí, Epidauro queda a una hora y Nauplio a hora y cuarto. Esa capacidad de saltar al continente es lo que distingue a Poros de cualquier otra isla del Sarónico.