Psara significa aproximadamente "pescadores" y la isla lleva tres mil años viviendo del mar porque la tierra nunca dio para nada. Ese dato, que parece de enciclopedia, se traduce directamente en lo que te vas a encontrar en el plato.
El fondo marino alrededor de la isla sigue siendo, pese a la sobrepesca general del Mediterráneo, uno de los mejores caladeros de langosta de Grecia. Y como aquí no hay industria turística que infle los precios, se come a un coste que en Mykonos o Santorini directamente no existe.
Dónde
Tres restaurantes trabajan en verano. Dos están en el pueblo, junto al agua: Resalto y Aldebaran. El tercero es Spitalia, en la playa de Katsoúnis, instalado en el edificio del siglo XVIII que fue estación de cuarentena para marineros y que en los años setenta reconvirtió el arquitecto Aris Konstantinidis.
Los tres son familiares, los tres cocinan lo que ha entrado ese día y ninguno tiene carta plastificada con fotos.
Qué pedir
La langosta se prepara de tres formas: a la brasa, frita con salsa de ajo, o con pasta. La versión con pasta, la astakomakaronáda, es la que se lleva la fama y es la que hace que la gente vuelva a la isla años después.
Más allá de la langosta, lo que funciona es lo obvio: pescado del día a la plancha, gambas fritas, pulpo, calamares, ensalada dakos, queso local. El queso de aquí se llama sariano, es denso, de tipo tulum, y no lo vas a encontrar en Atenas. Pídelo también en el desayuno.
Para beber, ouzo. Una botella pequeña de 20 centilitros para compartir es lo estándar.
Precios reales, sin inventar
Una cena completa para dos personas con marisco, pasta, ensalada, queso, cerveza o vino y el cubierto ronda los 45 a 55 euros. Un desayuno abundante con huevos, queso local y café, entre 12 y 16 euros para dos. Una cerveza en la plaza, 2,50 a 3 euros.
La langosta se paga por peso y ahí es donde el ticket puede subir mucho si te pones serio. Pregunta el precio por kilo antes de pedirla, es lo normal y nadie se ofende.
Pain points honestos
Efectivo. Lleva metálico. Hay un solo cajero en toda la isla y varias tabernas prefieren cobrar en efectivo. Saca dinero en Quíos antes de embarcar.
Reserva. En julio y agosto, sobre todo en la primera quincena de agosto cuando vuelven las familias psariotas desde Atenas y el extranjero, conviene reservar mesa el mismo día por la mañana. Se hace pasando por el local o llamando.
Temporada. En junio y septiembre puede que solo uno o dos de los tres restaurantes estén abiertos. Fuera de temporada, la oferta se reduce mucho más. Pregunta el primer día qué está funcionando.
Horarios. Aquí se cena tarde, como en toda Grecia. Antes de las nueve de la noche muchos locales están vacíos.
Vegetarianos. En una isla de pescadores la oferta sin pescado ni carne existe pero es limitada: ensaladas, queso, verduras, fava, patatas. Se come bien pero sin variedad. Avisa al pedir.
Alergias al marisco: dilo claramente, en cocinas pequeñas la contaminación cruzada es real.
El ambiente
Cenar en el puerto de Psara en agosto no se parece a cenar en un destino turístico. La plaza se llena de familias, los niños juegan en la calle hasta pasada la medianoche y se habla tanto griego como inglés con acento de Nueva York o Melbourne, porque son los descendientes de psariotas que vuelven cada verano desde el otro lado del mundo.
Después de un día de barca a Antipsara o de bajar de la Mavri Rachi con la puesta de sol, sentarte a esa mesa con un plato de astakomakaronáda por delante es exactamente por lo que la gente se sube a un ferry de seis horas.