Hay una versión perezosa de visitar Psara: llegar, bañarse tres días y volver. Funciona, la isla es preciosa. Pero uno se pierde exactamente aquello que la hace única en toda Grecia.
Porque Psara no es una isla bonita con algo de historia detrás. Es una isla que fue tercera potencia naval de Grecia, que dio a la revolución de 1821 uno de sus héroes máximos y que en junio de 1824 fue literalmente borrada del mapa. Todo eso se puede recorrer a pie en una mañana.
El recorrido
El Monumento al Holocausto de Psara, en la entrada del puerto, dedicado a los que se sacrificaron en 1824. Es el punto de partida natural y tiene una de las mejores vistas del Egeo abierto.
La iglesia de Ágios Nikólaos, dominando el muelle. El patrón de la isla es el santo de los marineros, lo que en un sitio que vivió siempre del mar no es casualidad.
Las casas de capitanes del siglo XVIII y XIX repartidas por la Chora, con sus puertas de piedra labrada. Son casas particulares, no monumentos visitables, pero se ven perfectamente desde la calle.
La casa de Konstantinos Kanaris, el hijo de pescadores que en junio de 1822 metió un brulote cargado de pólvora contra el buque insignia otomano y lo hizo volar con dos mil hombres a bordo. La explosión se vio a treinta millas. Kanaris murió en su cama en 1877 siendo primer ministro de Grecia.
El albergue municipal, junto a la Autoridad Portuaria, donde se guardan objetos de la revolución, entre ellos la espada de Dimítrios Papanikolís, otro psariota que lanzó uno de los primeros brulotes de la guerra.
El pequeño museo arqueológico del pueblo, con los hallazgos micénicos del yacimiento de Archontiki.
Y arriba, la Mavri Rachi, el final obligado del recorrido. La roca donde volaron el polvorín. La que Solomos convirtió en poema y Gyzis en cuadro.
Cómo hacerlo
Por libre es perfectamente viable y no cuesta nada. Todo está en el pueblo o justo encima, todo es gratis y todo se recorre andando en dos o tres horas si te lo tomas con calma.
También se puede contratar acompañamiento local por encargo: en la isla hay quien organiza recorridos por los edificios históricos, y se gestiona a través de la agencia de viajes del puerto. No es una excursión con horario fijo ni un producto de catálogo, es un arreglo que se pacta. Precio a convenir.
Pain points
Señalización: escasa y buena parte en griego. Si vas por libre, lee algo sobre 1821 y 1824 antes de venir o el recorrido se queda en piedras bonitas.
Horarios: el museo y el albergue municipal no tienen horario fiable publicado. Puede que estén abiertos, puede que no. Pregunta en el puerto o en tu alojamiento el primer día.
Casas particulares: las casas de capitanes están habitadas. Se miran desde fuera, no se entra ni se fotografía a la gente en su patio.
Sol: la parte del pueblo tiene sombra de calle estrecha. La subida final a la Mavri Rachi no tiene ninguna. Haz esa parte a última hora de la tarde.
¿Interesa si no me va la historia? Aunque no te apasione, entender qué pasó aquí cambia por completo cómo ves el resto del viaje. Sabrás por qué la isla tiene 420 habitantes en lugar de veinte mil, por qué medio pueblo habla inglés con acento australiano y por qué el 4 de agosto la isla entera baja en procesión desde el monasterio.
Cuándo
Cualquier mañana, pero si tu viaje coincide con principios de agosto la isla está en su momento más intenso, con las fiestas y con todos los descendientes de vuelta. También es cuando está más llena y el alojamiento se agota con meses de antelación.
Termina el recorrido bajando de la Mavri Rachi al atardecer y siéntate a cenar en el puerto. Después de haber visto de dónde viene todo esto, la langosta con pasta en una taberna de un pueblo de cuatrocientas personas sabe a algo más que a cena.