No cuesta nada, no hay que reservarlo y es lo mejor que se puede hacer en Psara sin meterse en el agua.

Desde el pueblo sale un sendero que sube por la ladera hasta la Mavri Rachi, la Espalda Negra, la mole oscura que domina la entrada del puerto. Arriba están las ruinas del viejo castillo y de un asentamiento helenístico, un molino de viento en pie, varias capillas pequeñas y el lugar exacto donde en junio de 1824 los últimos defensores de la isla prendieron el polvorín antes que rendirse a la flota otomana.

La ruta

Entre 25 y 35 minutos de subida a paso normal desde el borde alto del pueblo. Desnivel moderado, sin nada técnico. Hay algún tramo de piedra suelta y el sendero no está siempre bien marcado, pero es imposible perderse: se sube hacia la mole que se ve desde cualquier punto del pueblo.

En total, con el rato de arriba, calcula hora y media o dos horas.

Nivel de dificultad, en serio

Es una caminata fácil para cualquiera con condición física normal. No requiere experiencia en montaña ni material especial.

Lo que sí requiere es sentido común con el sol. No hay sombra en ningún punto del recorrido, ni una sola. Esto convierte una caminata sencilla en algo desagradable e incluso peligroso si la haces a mediodía en julio o agosto.

Las dos ventanas correctas: primera hora de la mañana, o de las seis de la tarde en adelante. La segunda es la buena, porque te coloca arriba en el momento de la puesta de sol.

Qué llevar

Un litro de agua por persona como mínimo. Gorra. Crema solar. Calzado cerrado con suela con algo de agarre: en chanclas se puede subir pero se resbala en el tramo final y en la bajada. Linterna o el móvil cargado si te quedas a ver la puesta de sol, porque el último tramo de bajada se hace con poca luz.

Y una capa fina de ropa. Arriba, con meltemi, el viento del norte enfría bastante incluso en agosto.

Qué se ve

La bahía completa con el pueblo blanco desplegado abajo y los barcos de pesca. Hacia el oeste, mar abierto y la silueta de Antipsara recortada. Hacia el este, en días despejados, la masa de Quíos.

Y la propia colina, que es un yacimiento a cielo abierto sin musealizar: muros, piedras, el molino y las capillas. Nadie te va a explicar nada, no hay paneles ni audioguía. Se recorre en silencio y ya está.

Pain points

¿Se puede con niños? Sí, a partir de los seis o siete años, siempre a última hora de la tarde y con vigilancia cerca de los bordes cuando hace viento.

¿Y con problemas de rodilla? La subida es asumible; la bajada, con piedra suelta, es la parte incómoda. Bastones de trekking o al menos uno ayudan mucho.

¿Hace falta guía? No. Es un recorrido corto y evidente. Si te interesa la historia de los edificios del pueblo, en la isla hay quien organiza recorridos guiados por encargo, que se preguntan en la agencia del puerto.

¿Cuál es la mejor época? Todo el año menos el mediodía de julio y agosto. En primavera, con la isla verde tras las lluvias, es cuando el paisaje está más bonito, aunque entonces medio pueblo está cerrado.

El plan completo

La combinación que funciona: mañana de baño en Lazaréta, comida en la Chora, siesta larga, subida a la Mavri Rachi a las siete de la tarde y bajada justo con la última luz para cenar en el puerto.

Es un día que no cuesta un euro en transporte ni en entradas, y probablemente sea el mejor que vas a tener en esta isla.