Vroulidia es la recompensa de conducir hasta el final del mapa. Está en el extremo suroeste de Quíos, pasado todo, en una zona donde la carretera se va estrechando y los lentiscos dejan paso a un paisaje blanco y pelado de acantilados calizos.

Se aparca arriba, en un mirador, y desde ahí ya se ve la cala abajo: ochenta metros de arena clara mezclada con guijarros pequeños, encajados entre paredes blancas, con un agua que desde arriba parece pintada.

La bajada

Es la parte que hay que valorar antes de ir. El sendero baja unos cincuenta metros de desnivel en zigzag, con tramos de escalones de piedra y otros de tierra suelta.

Bajando se tardan cinco minutos. Subiendo, con calor y cargado con la nevera, entre diez y quince, y se suda.

No es peligroso ni requiere ninguna habilidad especial, pero hay que ir con calzado cerrado y tener las rodillas en condiciones. Con carrito de bebé es imposible. Con niños que ya caminan bien, factible pero de la mano en los tramos de tierra suelta.

Esa bajada es precisamente lo que mantiene la cala vacía. La mayoría de la gente mira desde el mirador de arriba, hace la foto y se va.

El agua y la arena

El fondo es de arena clara y guijarros finos, lo que da al agua un turquesa muy luminoso. Es probablemente el agua más limpia de Quíos, en parte porque casi nadie se baña aquí y en parte porque las corrientes del cabo la renuevan constantemente.

Se hace pie bastantes metros y luego cae. Para nadar es magnífica.

Para snorkel, las paredes laterales de roca tienen bastante vida y visibilidad excelente.

Advertencias reales

Sombra: ninguna. Cero. Los acantilados dan algo de sombra a última hora de la tarde en el extremo oeste, y solo entonces.

Servicios: ninguno tampoco. No hay chiringuito, ni sombrillas de alquiler, ni agua potable, ni baño. Lo más cercano es una taberna en la carretera, a varios kilómetros.

Lleva agua de sobra, comida, sombrilla y protección solar. Si te quedas sin agua, la subida al coche con cuarenta grados no es agradable.

Viento: al estar en la zona del cabo, algunos días entra viento del sur que levanta oleaje. Con mar movida no merece la pena bajar.

No hay socorrista y en muchos momentos no hay nadie más en la playa. No es sitio para nadar solo mar adentro.

Cuándo ir

A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no pega en la cala y hace un poco de sombra en la pared este, o a partir de las cinco de la tarde.

Junio y septiembre son ideales: el agua ya está caliente y la probabilidad de tener la cala entera para ti es alta.

En agosto puede haber diez o quince personas, que en una cala de ochenta metros es bastante.

Qué hay cerca

Estás en el fondo de la Mastihohoria. Mesta queda a ocho kilómetros, y es el sitio natural para comer antes o después.

También cerca está el puerto de Limenas Mestón, con tabernas de pescado a pie de agua y ni un turista, que es una comida muy superior a lo que encontrarás en cualquier playa con servicios.

La combinación que mejor funciona: Mesta por la mañana, comida en Limenas Mestón y Vroulidia por la tarde.

Para quién

Para quien disfruta de que llegar cueste un poco. Para nadadores. Para gente que ha estado en Mavra Volia y quiere una cala igual de bonita con la cuarta parte de la gente.

Si necesitas una hamaca y un café frío a media mañana, esta no es tu playa y no pasa nada. Quíos tiene noventa.