Elinda viene del griego antiguo alios, que significa el que pertenece al mar. El nombre lleva razón: es una cala redonda, cerrada por dos brazos de roca, que funciona como un puerto natural protegido de casi todos los vientos.

Es la playa que los quiotas mencionan cuando les preguntas cuál es la más bonita de la isla. No la más cómoda ni la más famosa, la más bonita.

El agua

El fondo es de guijarros blancos y arena clara, y eso hace que el agua tenga un turquesa muy pálido cerca de la orilla que va oscureciendo hacia el centro de la cala. Es transparente de verdad: desde la orilla se ven las piedras del fondo a varios metros de profundidad.

Al estar protegida, el mar suele estar en calma incluso con meltemi. Es una de las pocas playas de Quíos donde se puede uno bañar prácticamente cualquier día de verano.

El fondo baja de forma progresiva, más suave que en las calas del sur, aunque a los quince o veinte metros ya no se hace pie.

Para snorkel es de lo mejor de la isla: las rocas laterales tienen vida y la visibilidad es excelente.

Los guijarros

Son blancos, redondos y bastante grandes en la parte alta de la playa, más finos según te acercas al agua. Tumbarse directamente sobre ellos es incómodo. Colchoneta o esterilla gruesa, no solo toalla.

Y de nuevo el consejo del calzado: escarpines. Los guijarros grandes ruedan bajo el pie al entrar en el agua y es fácil torcerse un tobillo.

Servicios y sombra

Aquí es donde hay que ser honesto. Elinda no tiene casi nada.

Hay una taberna que abre en temporada junto a la cala, y algunos años monta unas pocas sombrillas. Fuera de julio y agosto puede estar cerrada.

Sombra natural, muy poca. Hay algo de vegetación y unos tamariscos en un extremo que dan sombra a media tarde. Lleva sombrilla propia si vas a pasar el día.

No hay duchas, ni aseos permanentes, ni socorrista. No hay tienda. Lleva agua y comida si vas fuera de temporada.

El atardecer

Esto es lo que hace especial a Elinda y a toda la costa oeste de Quíos. Es el único lado de la isla donde el sol se pone sobre el mar abierto, sin nada delante.

Quedarse hasta el atardecer con la cala vacía es uno de esos momentos que se recuerdan. Y a diferencia de otras playas de puesta de sol de las islas griegas, aquí no hay treinta personas con el móvil en alto.

Alrededores

A dos kilómetros al norte está Trachili, otra cala pequeña con la misma agua y todavía menos gente. Se llega por una pista, y es la opción para quien quiera soledad total.

Un poco más al sur, en la misma costa, está Lithi, que es la playa popular del oeste: más grande, con varias tabernas de pescado buenas junto a la bahía y algo más de servicio. Si Elinda te parece demasiado desnuda, Lithi es el plan B razonable a diez minutos de coche.

Y por el interior, la carretera de vuelta hacia la capital pasa cerca de Avgónima y Anávatos, lo cual permite montar un día completo con historia por la mañana y baño por la tarde.

Práctico

Está a unos veinticinco kilómetros de la Chora, unos cuarenta minutos de coche por carretera de montaña con curvas pero asfaltada y en buen estado.

No hay autobús práctico. Coche o moto, sin alternativa realista.

El aparcamiento es una explanada de tierra junto a la cala, con sitio para pocos coches. En agosto a mediodía puede estar completo.

Para quién es

Para quien busca agua limpia y silencio por encima de comodidad. Para snorkel. Para atardeceres.

No es para familias con niños muy pequeños (guijarros grandes, cero servicios, ningún sitio donde refugiarse del sol) ni para quien quiera un día de hamaca y camarero. Para eso está Karfás, que es exactamente lo contrario.