Mavra Volia significa guijarros negros, y el nombre no admite discusión: la playa entera es un manto de cantos oscuros, algunos casi negros y otros grises azulados, pulidos por el mar hasta parecer piezas de un juego.
El origen es volcánico. Los materiales vinieron del volcán de la zona de Psaronas y el mar los redondeó durante milenios. El resultado es una playa que contrasta con todo lo que uno espera de Grecia: nada de arena blanca, sino un fondo oscuro que hace que el agua se vea de un azul denso, casi tinta, y transparente al mismo tiempo.
Las tres calas
Esto es lo que casi nadie te cuenta y cambia la visita.
La primera cala es la que se ve al llegar desde Emporiós y es la única con servicios: sombrillas y hamacas de alquiler, un chiringuito y gente. En agosto se llena bastante.
La segunda se alcanza cruzando unas rocas a la derecha, cinco minutos de escalada suave. Ya no hay nada y hay la mitad de gente.
La tercera está detrás y es a la que hay que ir. Es la más grande de las tres, está flanqueada por acantilados oscuros que caen a plomo y, salvo en pleno agosto, se puede tener casi para uno. Aquí es donde la foto sale bien y donde el silencio es real.
Para llegar a la tercera hay que caminar por rocas irregulares. Con chanclas no. Con niños pequeños, tampoco.
Cómo es el baño
El agua se pone honda muy rápido. A pocos metros de la orilla ya no haces pie, lo cual es estupendo para nadar y complicado para quien no nada bien o para niños que quieren chapotear.
Los guijarros hacen daño al entrar y al salir. Escarpines o sandalias de agua: es la recomendación práctica más útil de esta página.
El fondo de piedra oscura y el agua limpia hacen que el snorkel sea sorprendentemente bueno. Hay peces entre las rocas laterales.
Una cosa que se nota enseguida: los guijarros negros acumulan un calor tremendo. A las dos de la tarde de agosto, andar descalzo por ahí es una tortura literal.
Sombra, la pregunta de siempre
Prácticamente ninguna natural. Los acantilados dan algo de sombra al final de la tarde en la tercera cala, y ese es el único momento del día en que hay refugio.
Si no vas a alquilar sombrilla en la primera cala, lleva la tuya. En verano, sin sombra, esta playa no se aguanta más de dos horas seguidas.
Emporiós, el pueblo
El puerto de Emporiós era la salida marítima de la Mastihohoria en los siglos en que los productores de mastiha eran gente rica. Hoy es un sitio tranquilo con unas cuantas tabernas y habitaciones.
Se come bien y a precio razonable, con pescado fresco en las tabernas del puerto. Es la opción natural para comer antes o después de la playa.
Muy cerca, señalizadas, están las ruinas de un templo de la Edad del Bronce dedicado a Atenea y de un asentamiento arqueológico que se excava desde hace décadas. Es una parada rápida y gratuita.
Práctico
Aparcamiento junto al puerto de Emporiós, gratuito, suficiente salvo en agosto a mediodía.
No hay socorrista en ninguna de las tres calas. No hay duchas ni baños fuera de la zona del chiringuito.
En autobús es complicado: hay líneas KTEL desde la Chora a Emporiós pero con muy pocas frecuencias. Coche o moto.
Cómo encajarla en el día
El plan que mejor funciona: Pirgi por la mañana temprano, comida en Emporiós, y Mavra Volia desde las cinco de la tarde, cuando baja el sol y llegan las sombras del acantilado. A esa hora la piedra deja de quemar, la luz se pone dorada sobre los guijarros negros y suele quedar muy poca gente.
Es la playa más singular de Quíos y la que justifica ella sola bajar al sur. Otra cosa es que sea la más cómoda: para eso está Karfás, con arena y servicios, a media hora de la capital.