La despensa imposible de Santorini
Aquí casi no llueve, el suelo es ceniza volcánica y el viento no para. Sobre el papel, un desastre agrícola. En la práctica, una de las despensas más singulares de Grecia, porque lo poco que crece lo hace concentrando sabor de una forma exagerada.
El producto estrella es el tomatito de Santorini, una variedad diminuta, arrugada y de piel gruesa que sobrevive sin riego absorbiendo la humedad nocturna. Su sabor es tan intenso que durante décadas la isla vivió de exportarlo en conserva: la fábrica de Vlychada es hoy un museo.
Después está la fava, que no es haba sino almorta amarilla (Lathyrus clymenum), cultivada aquí desde hace milenios y protegida con denominación de origen. Se sirve en puré con cebolla, alcaparras y aceite, y es el plato que todo el mundo recuerda al volver.
Y la berenjena blanca de la isla, más dulce y con menos semillas, la alcaparra silvestre, el queso fresco chloro y el katsouni, un pepino local que se come como fruta.
Qué se hace en la clase
El formato habitual son cuatro o cinco horas en una casa de pueblo, una granja o una bodega del interior, con grupos pequeños de seis a doce personas.
Se suele empezar con una vuelta por el huerto o el mercado, se cocinan tres o cuatro platos (fava, tomatokeftedes que son las famosas albóndigas de tomate frito, ensalada de la isla, berenjena rellena, y casi siempre algo de repostería como el melitinia, la tartaleta de queso de Pascua) y se termina comiendo todo en una mesa larga con vino de la isla.
Muchas versiones incluyen cata de assyrtiko y vinsanto, sobre todo las que se hacen en bodegas de Pyrgos o Megalochori.
Dificultad y con quién funciona
No hay nivel previo necesario. Son recetas de casa, con cuchillo, tabla y sartén, y los anfitriones están acostumbrados a que la mitad del grupo no haya cocinado nunca.
Funciona especialmente bien con parejas, con grupos de amigos y, sorprendentemente, con niños a partir de 8 o 9 años: amasar y freír albóndigas les encanta y la comida final es larga y relajada.
Vegetarianos, alérgicos y avisos
La cocina de Santorini es de las más fáciles de Grecia para vegetarianos: fava, tomatokeftedes, berenjena, ensaladas y quesos cubren casi toda la clase sin adaptaciones. Los veganos deben avisar por el queso y el yogur.
Con celiaquía y alergias conviene escribir al organizador antes de reservar, porque muchas clases usan harina y sésamo. Suelen adaptarse sin problema si lo saben con antelación.
Precio, transporte y cancelación
Los 80 euros de entrada son el punto de partida en grupo compartido; las versiones privadas o en bodegas con sommelier suben a 120 o 150. Incluye la comida completa y las bebidas, así que hay que descontarlo del presupuesto del día.
Muchas clases se hacen en pueblos del interior sin bus directo, con lo que la recogida en hotel deja de ser un lujo y pasa a ser importante. Comprueba si está incluida o si tendrás que llegar por tu cuenta.
Cancelación gratuita hasta 24 horas antes en la mayoría de los productos. Hay que reservar con margen en julio y agosto: los grupos son pequeños y se llenan.
Cuándo ir
Cualquier mes de abril a octubre, pero hay un momento especialmente bueno: finales de junio y julio, cuando el tomatito de Santorini está en plena cosecha y se cocina recién recogido.
Es también una actividad perfecta para un día de viento, cuando los barcos no salen y las excursiones se cancelan: se cocina bajo techo y no dependes del mar.
Cómo encaja en el viaje
Nosotros la colocaríamos en el día del interior de la isla, combinada con una visita a Pyrgos por la tarde y una cata de bodegas al atardecer. Es el día que menos se parece a la postal de Santorini y, casi siempre, el que más gusta a quien repite.