Pyrgos: el Santorini de antes del turismo

Pyrgos fue la capital de la isla hasta 1800, cuando Fira le tomó el relevo, y en cierto modo sigue viviendo en aquella época. Está en el interior, sobre una colina a 350 metros de altura en el centro geográfico de Santorini, y es el pueblo que mejor conserva el trazado medieval de todos.

Aquí no hay hoteles con infinity pool colgados del vacío ni tiendas de vestidos blancos para sesiones de fotos. Hay casas encaladas apiñadas en círculos concéntricos alrededor de un castillo, gatos durmiendo en los escalones, ancianas regando macetas y un silencio que después de dos días en Fira resulta casi irreal.

El kastelli veneciano

El castillo, el kastelli, es uno de los cinco que los venecianos levantaron en Santorini en el siglo XIII para defenderse de los piratas. El sistema era ingenioso: en vez de construir murallas, las casas exteriores del pueblo se pegaban unas a otras formando un anillo continuo sin ventanas al exterior. La única entrada era una puerta estrecha que se cerraba de noche.

Sobre esa puerta todavía se distingue el hueco por el que se vertía agua o aceite hirviendo sobre quien intentara forzarla, lo que los griegos llaman con poca delicadeza la fonissa, la asesina.

Subir al castillo es gratis y se hace en diez minutos desde la plaza. Arriba hay una explanada con las ruinas y una vista de 360 grados sobre toda la isla: se ve la caldera al oeste, el aeropuerto y Kamari al este, y las viñas del sur extendidas como un mosaico.

Perderse por las callejuelas

El plan en Pyrgos es no tener plan. Las calles suben en espiral desde la plaza central hasta el castillo, y todas llevan al mismo sitio, así que no hay forma de perderse de verdad. Por el camino se cruzan capillas diminutas (dicen que en el pueblo hay más de treinta), patios con buganvillas, talleres de cerámica y algún café donde el dueño te sirve sin prisa.

La iglesia de la Theotokaki, del siglo XI, es una de las más antiguas de Santorini, y la Panagia Eisodion, en la plaza, guarda iconos bizantinos que merecen los cinco minutos de parada.

El monasterio de Profitis Ilias

A unos 5 kilómetros de Pyrgos, en el punto más alto de la isla (567 metros), está el monasterio de Profitis Ilias, fundado en 1711 por dos monjes. Es un complejo enorme de cuatro iglesias alrededor de un campanario, blanco y macizo, con las antenas militares al lado que le estropean un poco la foto.

La visita es gratuita y las vistas son las mejores de Santorini sin discusión. En días despejados se distinguen Ios, Sikinos, Folegandros, Anafi y hasta las montañas de Creta al sur.

Comer y beber en Pyrgos

Aquí está una de las mejores mesas de Grecia. Selene, en el extremo de la calle principal, lleva décadas trabajando la cocina de Santorini con producto de la isla: fava, tomatitos, alcaparras, berenjena blanca. Tiene dos formatos, un bistró de mezedes desde unos 14 euros y un comedor de alta cocina desde 36. Hay que reservar.

Para algo más sencillo, las tabernas de la plaza sirven comida casera por 12 a 18 euros. Y a diez minutos en coche, en Exo Gonia, está Metaxi Mas, otro clásico absoluto de la isla, mezcla de cocina cretense y santorinesa, con terraza mirando a Anafi.

Pyrgos es además el corazón del vino. SantoWines, la cooperativa de la isla, está a tres kilómetros sobre el borde de la caldera, y las bodegas Gavalas, Hadzidakis, Gaia y Estate Argyros están todas a menos de quince minutos. Un tour privado de bodegas con sommelier que empiece o acabe aquí es una tarde bien invertida.

Cuándo venir

A última hora de la tarde, sin duda. El atardecer desde el castillo de Pyrgos es de los mejores de la isla y lo comparten cuatro personas, no cuatro mil. Después se baja a cenar a la plaza y se vuelve con calma.

Llegar en autobús desde Fira son 20 minutos y sale un servicio cada hora u hora y media. En coche son 15 minutos. Aparca abajo, en la carretera, porque el casco antiguo es peatonal y las cuestas son de las que hacen sudar.

Si Pyrgos te gusta, dedica otra mañana a Megalochori y a Emporio, los otros dos pueblos del interior que siguen siendo pueblos de verdad.