Imerovigli: la vista de Oia sin la gente de Oia

Si tuviéramos que elegir un solo pueblo en el que dormir en Santorini, sería este. Imerovigli está en el punto más alto de todo el borde de la caldera, a unos 300 metros sobre el agua, y por eso se le llama desde siempre "el balcón de Santorini". El nombre viene del griego imera vigla, la vigía del día, porque de aquí salía la alerta cuando se avistaban barcos piratas en el horizonte.

Lo que tiene Imerovigli es la misma vista que Oia, la misma arquitectura de cuevas encaladas y cúpulas azules, y una fracción de la muchedumbre. Por la tarde, mientras en Oia hay tres mil personas apretadas en el castillo esperando la puesta de sol, aquí puedes sentarte en un murete con una cerveza y tener el mismo sol para ti.

La roca de Skaros

El gran protagonista del pueblo es Skaros, un promontorio de roca negra que se adentra en la caldera como una proa. Ahí estuvo durante siglos la capital real de Santorini: una ciudad fortificada por los venecianos en el siglo XIII, prácticamente inexpugnable, que llegó a albergar a casi toda la población de la isla.

De aquella fortaleza no queda casi nada. Los terremotos, y sobre todo el de 1956, se llevaron por delante lo que aún se mantenía en pie. Pero el paseo hasta Skaros sigue siendo de los mejores de la isla: se baja por un camino escalonado desde la iglesia de Agios Georgios, se rodea la base de la roca y se puede subir hasta arriba si no te dan vértigo los últimos metros.

Detalles prácticos que conviene saber: el camino baja unos 100 metros de desnivel y hay que subirlos a la vuelta. No hay sombra en todo el recorrido y tampoco hay agua. Calcula unos 45 minutos ida y vuelta a paso tranquilo, más si subes a la cima. Con calzado de calle se puede hacer, pero con zapatillas se disfruta mucho más.

Al otro lado de Skaros, ya casi al nivel del agua, hay una capillita blanca llamada Theoskepasti, agarrada a la roca sobre el precipicio. Es uno de los rincones más fotogénicos de Santorini y casi nadie llega hasta él.

El sendero a Oia

De Imerovigli sale el tramo más bonito del famoso sendero que une Fira con Oia. Son unos 9 kilómetros en total, de los cuales los 6 que van de Imerovigli a Oia son los espectaculares: el camino se despega de los hoteles, sube y baja por la cresta del acantilado y pasa por zonas donde no hay absolutamente nada salvo tierra roja, algún burro y la caldera abajo.

Se tarda entre dos horas y media y tres horas. Lo mejor es salir a las siete u ocho de la mañana, antes del calor, y volver en autobús desde Oia. Lleva dos litros de agua por persona, gorra y crema: no hay ni un metro de sombra ni un solo bar en el tramo central.

Dormir y comer aquí

Imerovigli es caro, como todo el borde de la caldera, pero algo menos que Oia. En temporada alta las habitaciones con vista arrancan sobre los 200 euros y suben rápido hacia las suites con piscina privada. La ventaja añadida es que está a 25 minutos a pie de Fira por el paseo del acantilado, así que tienes la capital al lado sin dormir en ella.

Para comer, el pueblo tiene un puñado de restaurantes con terraza volada sobre el vacío y una calidad bastante por encima de la media de la isla. Los precios son de zona de vistas, entre 25 y 45 euros por persona. Para algo más contenido, baja a la carretera principal, donde hay tabernas de las de siempre.

El atardecer, sin colas

Este es el argumento definitivo para venir. La puesta de sol de Santorini se ve exactamente igual de bien desde Imerovigli que desde Oia, porque el sol cae en el mismo sitio, detrás de Thirasia. La diferencia es que en Oia lo compartes con miles de personas y aquí no.

Nuestro sitio favorito es el murete que rodea la iglesia de Agios Georgios, con Skaros recortado en primer plano y la caldera entera encendiéndose de naranja. Llega media hora antes, siéntate y no hagas nada. Después de eso, si aún te quedan ganas de multitudes, siempre puedes coger el bus a Oia otro día.