Koutalas es el sitio de Serifos donde la mitología deja de ser un folleto y se convierte en algo casi físico. Está en el extremo suroeste, en una bahía tranquila de agua muy clara, y fue durante décadas el otro embarcadero minero de la isla junto con Megalo Livadi. Hoy quedan un puñado de casas, una taberna que abre en verano, restos de instalaciones y un paisaje de granito enorme y desnudo.
Cuenta la leyenda que aquí vivían los Cíclopes, esas criaturas descomunales de un solo ojo que aparecen en la Odisea y en el mito de Perseo. Cuando ves las formaciones rocosas de la zona, con bloques de granito del tamaño de una casa apilados por la erosión, entiendes perfectamente por qué los antiguos llegaron a esa conclusión.
La cueva del Cíclope
Sobre la bahía se abre la cueva conocida como Spilaio tou Kyklopa, la cueva del Cíclope, también llamada del Cíclope Polifemo. Es una cavidad kárstica amplia con estalactitas y estalagmitas, formaciones que la luz rasante de la tarde vuelve todavía más teatrales.
Los arqueólogos han encontrado restos que indican uso en época prehistórica y también como refugio en épocas de piratería. No está acondicionada como cueva turística: no hay iluminación, ni barandillas, ni entrada, ni guía.
Eso significa dos cosas. Una, que la visitas en condiciones bastante auténticas. Y dos, que necesitas linterna frontal, calzado cerrado con suela agarrada y sentido común. El suelo es irregular y resbala. Si viajas con niños pequeños, quédate en la boca de la cueva.
El Trono del Cíclope
A media hora larga andando desde el monasterio de Evangelistria sale un sendero fácil y señalizado hacia el Trono del Cíclope, una formación de granito que la erosión ha tallado en algo que sí, efectivamente, parece un asiento gigantesco mirando al mar.
Las vistas desde ahí son de las mejores de la isla, con toda la costa suroeste abriéndose abajo y el Egeo hasta el horizonte. El camino es cómodo, sin desniveles duros, y se hace en menos de una hora ida y vuelta. Es uno de los paseos con mejor relación esfuerzo-recompensa de Serifos.
Kastro tis Grias
En lo alto de un promontorio a 220 metros sobre el mar, entre Koutalas y Ganema, quedan los restos del Kastro tis Grias, el castillo de la Vieja. Es una fortificación medieval de la que se conservan sobre todo muros y cimientos, con vistas que abarcan toda la costa sur.
El nombre viene de una historia local de esas que cambian según quién la cuente, con una anciana, un asedio y una traición de por medio. Nadie se pone de acuerdo en la versión, lo cual probablemente sea lo mejor del asunto.
Cómo llegar y qué esperar
Koutalas está a unos 14 kilómetros de Livadi. La carretera principal llega asfaltada hasta cerca del pueblo y luego hay tramos de pista de tierra, sobre todo hacia las calas y hacia la cueva. Comprueba que tu contrato de alquiler te permite salir del asfalto: en Serifos varias agencias lo prohíben expresamente y no cubren el seguro si hay incidente.
Si no tienes coche, el autobús llega a Megalo Livadi y desde allí se puede caminar la costa, pero son varios kilómetros sin sombra. La otra opción es el taxi barco desde Livadi, que en temporada hace rutas por la costa sur.
Pain points
No hay servicios, ni sombra, ni agua potable, ni cobertura fiable en buena parte de la zona. Lleva agua para todo el día.
La cueva no está señalizada de forma evidente desde la carretera. Pregunta en la taberna del pueblo o en el puerto antes de ir: el acceso concreto lo conoce la gente de allí y se ahorra media hora de vueltas.
El mejor momento es primera hora de la mañana o última de la tarde, por la luz y por el calor. En pleno mediodía de agosto el granito refleja el sol de una forma que agota.
La playa de Koutalas es tranquila y buena para nadar, con agua muy transparente. Está a un paso del pueblo y sirve como premio después del paseo. Si tienes tiempo, combínala con Ganema, que queda a pocos kilómetros y tiene tamariscos que dan sombra de verdad, o con Megalo Livadi para completar todo el recorrido minero del suroeste en un solo día.