Hay sitios que se entienden mejor desde el mar. El Kastro es uno de ellos. Lo vimos por primera vez desde la cubierta de un barco de excursión: un peñasco oscuro que sale de la costa norte como la proa de un barco, con las paredes cayendo en vertical al agua y, arriba del todo, la silueta blanca de una iglesia. Cuesta creer que durante casi quinientos años allí arriba viviera toda la población de la isla.
Por qué alguien construiría un pueblo aquí
La respuesta corta es: los piratas. Durante la Baja Edad Media el Egeo era un mar peligroso, y las islas pequeñas como Skiathos sufrían incursiones constantes. La antigua ciudad, en la bahía del sureste donde hoy está el puerto, era demasiado fácil de atacar. Así que en algún momento del siglo XIV los isleños decidieron mudarse al lugar más inaccesible que encontraron.
El promontorio del Kastro está unido a la isla solo por un istmo estrecho. Los habitantes lo cortaron y pusieron un puente levadizo de madera, que se retiraba por la noche o cuando aparecían velas sospechosas en el horizonte. Dentro de las murallas llegaron a levantarse unas trescientas casas y una veintena de iglesias, apretadas unas contra otras sobre la roca.
Allí vivieron hasta la década de 1830. Con la independencia de Grecia el mar se volvió más seguro y la gente fue bajando poco a poco a la costa sur, a fundar la ciudad actual. Muchos se llevaron consigo las piedras y las tejas de sus casas, lo que explica por qué del Kastro queda tan poco.
Qué queda hoy
Seamos claros para evitar decepciones: el Kastro no es un pueblo medieval conservado como los de Rodas o Monemvasia. Son ruinas. Muros bajos, cisternas, restos de casas invadidos por la vegetación y un par de iglesias restauradas. La más importante es la del Nacimiento de Cristo, con su iconostasio de madera tallada y algunos frescos, que suele abrir en temporada.
Lo que sí es espectacular es el sitio. Las vistas desde lo alto son de las mejores de la isla: la costa norte recortada, el mar cambiando de color a tus pies y, en días claros, las montañas del Pelión al otro lado del estrecho. Hay algo muy emocionante en caminar por donde se escondía un pueblo entero, y en imaginar el miedo que debieron pasar para elegir un lugar así.
Cómo llegar: barco o botas
Hay dos formas, y las dos merecen la pena.
En barco. La mayoría de las excursiones que salen del puerto viejo de la ciudad hacen parada en la pequeña playa que hay a los pies del Kastro, normalmente después de Lalaria. Suelen dar una hora, suficiente para subir, echar un vistazo y bajar a bañarse. En la playa hay un chiringuito sencillo y una ducha. La subida desde la playa son unos quince minutos por escaleras y sendero, con bastante pendiente. Si quieres organizarlo sin complicarte, el crucero a Lalaria, Kastro y Tsougria incluye la parada.
Por tierra. Una carretera asfaltada y luego de tierra cruza el interior de la isla desde la ciudad y termina en un pequeño aparcamiento a pocos minutos a pie de la entrada. También puedes hacerlo andando: el sendero clásico sale del monasterio de Evangelistria y atraviesa el interior verde de la isla. Cuenta con dos horas o algo más por trayecto, con desnivel moderado. No hay fuentes fiables en el camino.
Consejos prácticos
- Calzado. Las piedras son irregulares y resbaladizas. Nada de chanclas para subir, aunque llegues en barco.
- Agua y sombra. Arriba casi no hay sombra. En julio y agosto evita las horas centrales si vas andando.
- Niños. Hay tramos con precipicios sin barandilla. Con niños pequeños, llévalos de la mano en todo momento.
- Respeto. Las iglesias siguen consagradas. Hombros cubiertos si entras, y no te lleves piedras ni tejas como recuerdo.
- Mejor momento. A primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando la luz baña la costa norte y los barcos de excursión ya se han ido.
Merece la pena?
Sí, sin dudarlo. Aunque vengas a Skiathos solo por las playas, el Kastro te cuenta en una hora la historia real de la isla, la de un pueblo que vivió de espaldas al mar que hoy la hace famosa. Si además combinas la visita con Lalaria en barco, tendrás el mejor día de tu estancia. Y si te quedas con ganas de historia, la cercana Skopelos conserva su propio castillo veneciano sobre la Chora.