A cuatro kilómetros de la ciudad, la carretera empieza a subir entre pinos y el ruido de las motos se va apagando. Cuando llegamos al monasterio de Evangelistria lo único que se oía eran las cigarras y el agua de una fuente. Después de dos días de playas llenas, fue como entrar en otra isla.
Un monasterio con historia de independencia
El monasterio de la Anunciación, Evangelistria en griego, lo fundaron en 1794 un grupo de monjes que venían del monte Athos, tras desacuerdos con su comunidad. Eligieron un barranco verde en el interior de Skiathos, lejos de la costa y de los piratas, y levantaron un recinto fortificado con muros altos y una iglesia en el centro.
Su fama le viene de lo que ocurrió años después. Según la tradición, en 1807 se reunieron aquí combatientes que preparaban la lucha contra el dominio otomano, entre ellos figuras como Theodoros Kolokotronis, y juraron fidelidad a una bandera blanca con una cruz azul diseñada en el propio monasterio. Por eso en Skiathos se dice con orgullo que aquí nació la bandera griega. Los historiadores matizan que hubo varias banderas parecidas en aquellos años, pero el monasterio conserva el relato y una réplica de la enseña.
Qué ver dentro
El recinto es pequeño y se recorre en media hora larga, aunque apetece quedarse más.
- El katholikón. La iglesia central, con cúpulas y un iconostasio de madera dorada muy trabajado. Es el corazón del monasterio.
- El pequeño museo. Reúne iconos, libros antiguos, objetos litúrgicos y recuerdos de la época de la independencia, incluida la historia de la bandera. Las cartelas no siempre están en inglés, pero se entiende lo esencial.
- La bodega y la tienda. Los monjes producen vino, licores, aceite y mermeladas. La tienda es un buen sitio para comprar un recuerdo que no sea un imán de nevera. Suelen ofrecer una pequeña degustación.
- El patio. Con flores, gatos, bancos a la sombra y vistas al barranco. Muchos visitantes coinciden en que es el rincón más tranquilo de la isla, y hay un café cerca de la entrada.
Cómo llegar
En coche o moto son unos diez minutos desde la ciudad por una carretera asfaltada bien señalizada que sale de la carretera de circunvalación. Hay aparcamiento junto a la entrada. No hay autobús regular, así que sin vehículo toca taxi o caminar.
A pie, desde la ciudad, son unos cuarenta y cinco minutos cuesta arriba por un antiguo camino empedrado que va en paralelo a la carretera en algunos tramos. Mejor hacerlo temprano. Y desde el monasterio sale el sendero clásico hacia el Kastro, que atraviesa el interior más salvaje de Skiathos. Es la ruta a pie más bonita de la isla.
Normas y horarios
Es un monasterio en activo, así que hay que vestir con respeto: hombros y rodillas cubiertos. En la entrada suelen prestar faldas o pañuelos. Abre por la mañana y por la tarde, con cierre al mediodía, y los horarios cambian según la temporada, así que no apures la visita a última hora. La entrada al recinto es gratuita. El museo puede tener un pequeño donativo o entrada simbólica.
Merece la pena?
Si solo tienes tiempo para una visita cultural en Skiathos, elige entre esta y el Kastro. Si puedes, haz las dos el mismo día: por la mañana el monasterio, con la luz suave del barranco, y luego el sendero o el coche hasta el Kastro. Es la cara de la isla que la mayoría de los veraneantes no ve.
Para rematar el día, baja a cenar a la ciudad de Skiathos, y si te quedas con ganas de monasterios en las Espóradas, la vecina Skopelos tiene varios repartidos por el monte Palouki.