Casi todo el que llega a Skiathos pasa por la ciudad y casi nadie le dedica el tiempo que merece. La tratan como un sitio de paso entre el ferry y la playa, o como el lugar donde se sale por la noche. Nosotros la descubrimos de verdad una mañana temprano, cuando los camareros baldeaban las terrazas y el puerto viejo olía a café y a gasoil de barca.
Una ciudad joven
La ciudad actual es sorprendentemente reciente. Se fundó en la década de 1830, cuando los habitantes del Kastro abandonaron su refugio medieval y volvieron a la costa. Se instalaron en la misma bahía donde había estado la ciudad antigua, sobre dos colinas bajas que miran al puerto.
Por eso no esperes un casco histórico monumental. Lo que hay es un pueblo de casas blancas con tejados rojos, más parecido al Pelión que a las Cícladas, con balcones llenos de buganvillas y escaleras que suben y bajan sin orden aparente.
Qué ver en un paseo
- La calle Papadiamanti. La arteria principal, que sube desde el puerto nuevo hacia el interior. Tiendas, cafés, bares y, a mitad de camino, la casa museo Papadiamantis.
- El puerto viejo. El rincón más bonito. Aquí amarran los barcos de excursión, cada uno con su cartel de destinos y precios, y los taxis acuáticos que van a las playas de la costa sur. Por la noche las escaleras que suben desde el muelle se llenan de bares.
- El Bourtzi. Una pequeña península cubierta de pinos que separa el puerto nuevo del viejo, unida a la ciudad por un paso estrecho. Hubo una fortificación veneciana, de la que quedan restos, y hoy acoge un centro cultural con un anfiteatro al aire libre donde se celebran conciertos y teatro en verano. Es el mejor sitio para ver el atardecer sin pagar nada.
- Las iglesias. La de Trion Ierarchon, en la parte alta, con su campanario de piedra, y la de Agios Nikolaos, junto a una torre del reloj con vistas estupendas sobre los tejados y el puerto.
- Las callejuelas altas. Pierde el mapa y sube. Entre las iglesias hay rincones sin turistas, gatos al sol y vecinos regando macetas.
Comer y salir
La ciudad concentra la mayoría de tabernas y restaurantes de la isla. El consejo que repiten las guías y que confirmamos: aléjate de las terrazas del paseo principal, donde se paga la vista, y busca en las callejuelas alrededor del puerto viejo. Allí están las tabernas de pescado y las ouzerías de toda la vida, abiertas algunas todo el año.
Por la noche, el ambiente se reparte entre los bares de cócteles de la calle Papadiamanti, las terrazas del puerto viejo y algunos locales de música en vivo. En julio y agosto la fiesta dura hasta tarde. Hay también un cine de verano al aire libre, una de esas experiencias griegas que merece la pena.
Consejos prácticos
- Ruido. Si duermes en la ciudad, pide habitación lejos del puerto viejo y de Papadiamanti. Y si tu hotel está en la parte norte, cerca del aeropuerto, tendrás aviones por la mañana.
- Aparcar. En verano es un pequeño infierno. Si tienes coche, déjalo en los aparcamientos de la carretera de circunvalación y entra andando.
- Cuestas. La ciudad es pequeña pero empinada. Con carrito de bebé o movilidad reducida, limítate a la zona del puerto.
- Autobús. La parada de la costa sur está al final del puerto nuevo. Desde ahí salen los autobuses a todas las playas hasta Koukounaries.
Nuestra opinión
Dale a la ciudad al menos una mañana entera y un par de noches. No tiene grandes monumentos, pero tiene algo que muchas islas han perdido: vida propia fuera de la temporada turística. Y es el punto de partida perfecto para excursiones a Skopelos y Alonissos, a menos de dos horas de barco.